Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta de Miguel Zamora, Profesora e investigadora en Comunicación Audiovisual y Publicidad, Facultad de Ciencias de la Información, Universidad Complutense de Madrid
Octubre de 2026. Comienza el rodaje de la nueva película de Woody Allen en un territorio que todavía no ha conquistado: Madrid. Es la única capital de los cuatro países europeos en los que ha rodado –Reino Unido, Francia, Italia y España– que no sale en sus filmes. Quizá no había encontrado el director en Madrid un aliciente narrativo, identitario o estético, aunque lo más probable es que no tuviera dinero para ello.
La búsqueda de financiación ha sido uno de los grandes lastres de la trayectoria de Woody Allen, que ha empeorado tras la resurrección de la denuncia que su hija adoptiva hizo, a principios de los 90, acusándole de haber abusado sexualmente de ella. Aunque la investigación no logró encontrar pruebas concluyentes de ello –y él rodó múltiples películas tras el caso– la aparición del #MeToo y nuevas declaraciones de sus hijos complicaron su carrera.
Él mismo declaró, en 2023, que buscar presupuesto es algo tedioso y carente de glamour y que si, de pronto, surgiera alguien de la nada y le dijera “te daré el dinero para hacer tu película”, este sería un factor decisivo para hacer otro filme.
Y cuidado con lo que uno desea, porque a veces se hace realidad.
Se hizo la magia
En octubre de 2025, la Comunidad de Madrid ofreció, mediante patrocinio institucional, 1,5 millones de euros para la producción de la nueva película del director. La finalidad es proyectar la región internacionalmente. El Ayuntamiento de Madrid también se sumó a la iniciativa y aportó la misma cantidad que la comunidad.
En España, el Instituto de la Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA) promueve ayudas a proyectos cinematográficos que se publicitan, licitan y evalúan en igualdad jurídica. Además, ofrece incentivos fiscales para producciones extranjeras vinculados a determinados gastos de producción realizados en territorio español, una fórmula que se utiliza ya en numerosos países para atraer rodajes internacionales.
Sin embargo, este caso es diferente. Para Woody Allen hay adjudicación directa de financiación. Como entre las dos instituciones patrocinadoras suman el 25 % del presupuesto para la producción, la cuantía parece suficiente como para definir algunos requisitos de la obra:
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Que la palabra “Madrid” se incluya en el título definitivo, ya que es uno de los principales reclamos y elementos identitarios.
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Que muestre el paisaje cultural, arquitectónico, histórico y cosmopolita de la región, recurso habitual en las películas urbanas del director.
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Que el rodaje se haga íntegramente en la Comunidad de Madrid. Debe contar con un mínimo del 15 % de las escenas en localizaciones exteriores de la ciudad y, al menos, otra localización identificable fuera de la capital.
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Que se mencione a las instituciones patrocinadoras en los créditos.
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Que el filme se presente en un festival internacional de cine y tenga preestrenos en diferentes enclaves.
Este acuerdo busca un retorno en la generación de empleo y en la promoción turística internacional de la región.
La ciudad como escenario
La propia historia del cine se vincula a la de la publicidad, incluso de destino. Pero el fenómeno que tratamos parte de las teorías del uso del espacio urbano –o de cualquier localidad– como activo estratégico a través del cine. Su finalidad es la de potenciar el turismo, atraer capital externo y fomentar la región como hub audiovisual. En este sentido, las ciudades adquieren una funcionalidad que va más allá de ejercer como set de rodaje natural en la propia película.
La ciudad da a las películas los entornos donde transcurre la acción. Su selección como localización de rodaje obedece a las necesidades de la producción, a criterios estéticos o a su concepción desde el guion, entre otros factores. Sin espacio no hay película, sea cual sea la ciudad elegida.
Esto fue lo que sucedió de manera notoria, especialmente, en los años 40, cuando los hermanos Séeberger proporcionaron imágenes de localizaciones parisinas a los equipos norteamericanos. Fue entonces cuando se fomentó la construcción de la identidad fílmica de la capital francesa.
La ciudad como identidad
Desde el inicio de su filmografía, Woody Allen ha utilizado una misma fórmula –retratando mayoritariamente su ciudad, Nueva York– que maduró durante su etapa de rodajes europeos. La ciudad adquiere una función sustancial en la historia hasta el punto de convertirse en un elemento narrativo de significación propia. Cuenta con potencial para hacer avanzar la narración, como si se tratara de un personaje.
Este modelo ha tenido efectos sugerentes para el sector turístico, ya que el valor narrativo de la localización traspasa la pantalla y el espectador desea vivir la experiencia cinematográfica en el propio territorio. El turismo cinematográfico ya define a dónde viajamos. Un ejemplo claro es el de París que, siguiendo el modelo de sus antiguos itinerarios, ofrece recorridos de localizaciones.
A estas formas de representación se le suma la modalidad que Allen ha explorado mediante la financiación por patrocinio institucional. Es decir, se financia la película a cambio de que la ciudad obtenga visibilidad internacional mediante una representación urbana sujeta a unas condiciones negociadas.
Su precedente más claro en España –aunque no el único– está en Vicky Cristina Barcelona, cuyo patrocinio por parte de la ciudad condal y la Generalitat de Catalunya tenía el objetivo de aprovechar la proyección del director para promocionar la región como destino turístico.
Gracias a esta modalidad, Woody Allen puede mantener su ritmo (y sed) de hacer películas. Sin embargo, han pasado dieciocho años desde Vicky Cristina Barcelona y el contexto en España –y en Madrid– es ahora distinto.
¿Qué esperar de la mirada de Woody Allen sobre Madrid?
Allen ha retratado las ciudades europeas bajo el filtro de una mirada ajena desconocedora de la realidad local.
Así, representó a la capital francesa en Medianoche en París como una urbe cuya identidad visual se basaba en el diálogo entre el pasado y el presente y en la que se retrata lo reconocible. Asimismo, en A Roma con amor retrató la metrópoli italiana como una ciudad regida por sus referentes históricos arquitectónicos (aquellos fácilmente identificables por el turista). Todo ello –que se sepa– sin atenerse a unos condicionantes previos de la producción.
Entonces, ¿cuál será la imagen que proyectará de Madrid con un pliego de condiciones de base? Lo único que sabemos de momento es que se trata de una comedia en el entorno diplomático y de los negocios.
Este patrocinio abre cuestiones sobre la libertad creativa, puesto que las exigencias del rodaje pueden no coincidir con las necesidades del relato, aunque Allen tiene experiencia en darle la vuelta a las cosas y hacerlas verosímiles.
Además, cabe plantearse por qué financiar una mirada ajena sobre Madrid cuando otros cineastas españoles ya contribuyen a construir su imagen internacional. La cuestión, por tanto, no es solo qué Madrid va a representar Woody Allen, sino por qué Madrid ha elegido a Woody Allen para representarla en este momento. Quizá lo sepamos cuando veamos el filme.
Resulta, además, paradójico que el rodaje comience en un momento de protestas sociales por el acceso a la vivienda, la gentrificación y turistificación de sus barrios, que están ocupando el espacio urbano presumiblemente filmable. Mientras Madrid invierte en proyectar internacionalmente su imagen, persisten los problemas internos que afectan a su ciudadanía. Parece dudoso que el retorno de la inversión de la película vaya a solucionar los problemas de los madrileños.
Quizá las instituciones, antes de gastar el dinero, deban preguntarse qué ciudad quieren construir, si una ciudad de cine o una ciudad para residir.
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– ref. ¿Qué significa que Woody Allen vaya a rodar su nueva película en Madrid? – https://theconversation.com/que-significa-que-woody-allen-vaya-a-rodar-su-nueva-pelicula-en-madrid-293163
