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Saturados de política y peor informados: la paradoja del 29-N

Saturados de política y peor informados: la paradoja del 29-N

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Oliver Serrano León, Director y profesor del Máster de Psicología General Sanitaria, Universidad Europea

Master1305/Shutterstock

La convocatoria de elecciones generales en España para el 29 de noviembre no pone en marcha únicamente un proceso electoral. También intensifica todo un ecosistema de comunicación política en el que partidos, candidatos, medios de comunicación, tertulianos, creadores de contenido y ciudadanos tratarán de colocar determinados temas, mensajes e interpretaciones en el espacio público.

Durante las próximas semanas será difícil no encontrarnos con declaraciones, respuestas, encuestas, entrevistas, vídeos, memes o polémicas relacionadas con la campaña. La información política ocupará cada vez más espacio en periódicos, televisiones, redes sociales y pantallas.

Pero estar más expuestos a la política no significa necesariamente estar mejor informados sobre ella. De hecho, puede ocurrir justo lo contrario.

Una campaña también es una competición por nuestra atención

La comunicación política siempre ha intentado captar la atención de los ciudadanos. Lo que ha cambiado es el entorno en el que esa competición se produce.

A los mensajes de partidos y candidatos y a su cobertura en prensa, radio y televisión se suma ahora un flujo continuo de contenidos digitales. Una declaración puede convertirse en pocos minutos en titular, vídeo, publicación en redes sociales, fragmento viral, meme, comentario de un creador de contenido y mensaje reenviado por WhatsApp.

El ciudadano no recibe, por tanto, únicamente más información. Recibe más versiones, interpretaciones, reacciones y reformulaciones del mismo contenido político. Y nuestra capacidad para atender a todo ello sigue siendo limitada.

Cuando la cantidad de información que debemos procesar aumenta, necesitamos decidir qué leemos, qué ignoramos y a qué dedicamos nuestros recursos cognitivos. En un periodo electoral, esta presión puede desembocar en sobrecarga informativa: la sensación de recibir más información política de la que podemos procesar adecuadamente.

Un estudio publicado en 2026 en American Politics Research analizó precisamente la sobrecarga de noticias electorales. A partir de datos de la campaña presidencial estadounidense de 2016, encontró que cuanto mayor era la percepción de saturación, mayor era también la probabilidad de evitar deliberadamente las noticias relacionadas con las elecciones.

Es una paradoja importante para la comunicación política: la enorme cantidad de mensajes destinados a informar, persuadir o movilizar puede contribuir también a que una parte de la ciudadanía decida desconectar.

Cuando protegernos de la campaña significa dejar de informarnos

Es fácil reconocer esa sensación. Después de escuchar durante días hablar de un mismo asunto podemos cambiar de canal, dejar de abrir determinadas noticias o deslizar rápidamente una publicación cuando advertimos que vuelve a tratar sobre política.

Desde el punto de vista psicológico tiene sentido. Si la exposición continuada a información política empieza a producir cansancio, estrés o frustración, evitarla reduce inmediatamente ese malestar.

El problema aparece cuando dejamos de evitar solamente el ruido y empezamos a esquivar también información que podría ser relevante para comprender las opciones políticas entre las que debemos decidir.

Una investigación sobre evitación de noticias en España señala precisamente el estrés, la sobrecarga informativa, el escepticismo hacia los medios y la polarización política entre los elementos que intervienen en este fenómeno.

Y no hablamos de un comportamiento marginal. El informe Digital News Report 2026, elaborado por el Reuters Institute y la Universidad de Oxford, indica que el 37 % de los encuestados españoles evita las noticias en alguna medida.

La información política nos encuentra

Hay otra transformación fundamental para entender las campañas actuales. Hace unas décadas era relativamente sencillo decidir cuándo exponernos a información política: podíamos comprar un periódico, escuchar la radio, ver un informativo o seguir un debate electoral.

Había, al menos en parte, una decisión consciente de entrar en contacto con esos contenidos. Sin embargo, las redes sociales han difuminado esa frontera.

Podemos entrar en Instagram para ver qué hacen nuestros amigos y encontrarnos con un vídeo de un candidato. Abrir TikTok buscando entretenimiento y recibir una pieza sobre una propuesta electoral. Entrar en X por cualquier otro motivo y toparnos con una polémica política. O consultar WhatsApp y descubrir un mensaje sobre las elecciones enviado por un familiar.

La investigación denomina a este fenómeno “exposición incidental a información política”: encontrarnos con ese tipo de contenidos sin haberlos buscado deliberadamente.

Un trabajo sobre información política y exposición incidental en España, Argentina, Chile y México señalaba ya cómo el consumo informativo había dejado de constituir una actividad separada para integrarse en nuestra conexión cotidiana al entorno digital.

Esta exposición puede tener ventajas: permite que personas que no buscan información política entren en contacto con ella. Sin embargo, la evidencia sobre sus efectos en el aprendizaje no es uniforme.

Algunos estudios encuentran ganancias de conocimiento, mientras que otros observan efectos nulos o incluso negativos. Los resultados parecen depender de la plataforma y, especialmente, de cómo procesamos el contenido encontrado. Encontrarnos accidentalmente con información política no garantiza, por sí solo, que aprendamos sobre ella.

“Si pasa algo importante, ya me enteraré”

Este nuevo ecosistema comunicativo ha generado incluso otra percepción estudiada por los investigadores: la news-finds-me perception, que podríamos traducir como la sensación de que “las noticias me encontrarán”.

Consiste en pensar que no hace falta buscar activamente información porque, si sucede algo importante, acabaremos enterándonos a través de las redes sociales, amigos, familiares o compañeros.

Aplicado a una campaña electoral, supone confiar en que los mensajes políticos verdaderamente relevantes terminarán apareciendo en nuestro entorno digital.
El problema es que esa sensación de estar suficientemente informado puede ser engañosa.

Un estudio longitudinal (realizado a lo largo de un periodo prolongado) encontró que quienes confiaban más en que las noticias acabarían llegando hasta ellos utilizaban menos las fuentes informativas tradicionales y, con el tiempo, presentaban también un menor conocimiento político.

Podemos, por tanto, estar constantemente rodeados de comunicación política y al mismo tiempo saber poco sobre las cuestiones políticas que se están discutiendo.

Nuestro muro no es un programa electoral

A ello se añade otro cambio importante: cuando dejamos de buscar activamente información política y dependemos de las plataformas para encontrarla, delegamos parte de nuestra dieta política en sus sistemas de selección y recomendación.

Nuestro muro no constituye un resumen neutral de las posiciones de los partidos, ni está diseñado para ofrecernos una representación ordenada de los principales asuntos de una campaña electoral.

Encontrarnos con veinte contenidos políticos a lo largo del día tampoco significa haber recibido veinte informaciones diferentes. Podemos haber visto veinte versiones de la misma polémica. Esta distinción es fundamental: exposición política, información política y conocimiento político no son necesariamente lo mismo.

Podemos sentirnos saturados de política porque hemos visto continuamente nombres de candidatos, declaraciones, enfrentamientos y vídeos y, sin embargo, saber poco sobre sus propuestas concretas, los problemas que pretenden resolver o las consecuencias de las políticas que plantean.

Aquí, la alfabetización informacional adquiere también una dimensión política. Una investigación publicada en Computers in Human Behavior encontró que determinadas competencias para navegar, seleccionar, valorar y comprender información en redes sociales se relacionan con una menor sensación de sobrecarga informativa.

Informarse más no siempre es comprender mejor la política

La respuesta tampoco parece consistir en permanecer conectados permanentemente a la campaña. Podemos comenzar el día consultando titulares políticos, recibir notificaciones durante la mañana, escuchar una tertulia, encontrar vídeos electorales en las redes sociales y terminar la jornada leyendo la última polémica. Nada garantiza que esa exposición constante nos ayude a comprender mejor las alternativas políticas.

Quizá resulte más útil cambiar cantidad por calidad. Elegir deliberadamente algunas fuentes, reservar momentos concretos para informarnos, buscar las propuestas originales cuando un asunto nos interese y diferenciar entre una información política y las múltiples reacciones que genera puede ayudarnos a recuperar cierto control sobre nuestra atención.

Es algo parecido a lo que plantea el JOMO, o “alegría de desconectarse”: desconectar durante determinados periodos no significa necesariamente desentenderse de aquello que ocurre.

Aplicado a una campaña electoral, podríamos hablar incluso de una suerte de JOMO político. No necesitamos conocer cada declaración, cada enfrentamiento y cada reacción en tiempo real para tomar una decisión informada.

El reto no consiste en dejar de informarnos sobre política, sino en conseguir que el enorme volumen de comunicación política no termine sustituyendo la comprensión por la simple exposición.

Porque quizá una de las paradojas de las campañas contemporáneas sea precisamente esa: nunca habíamos tenido tanta información política a nuestro alcance y, al mismo tiempo, tanta necesidad de aprender a decidir a cuál merece la pena prestar atención.

Oliver Serrano León no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Saturados de política y peor informados: la paradoja del 29-N – https://theconversation.com/saturados-de-politica-y-peor-informados-la-paradoja-del-29-n-293594

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