Source: The Conversation – (in Spanish) – By Antonio Manuel Brenes Castaño, Profesor de la Universidad de Cádiz. Filología Inglesa. Inglés para Fines Específicos, Universidad de Cádiz
“Tengo un B2”. Es una frase que cada vez más estudiantes universitarios pronuncian cuando llega el momento de acreditar su nivel de inglés. Y está bien. Tener un B2 importa porque supone alcanzar un nivel de autonomía que permite desenvolverse en situaciones cotidianas y académicas.
El nivel que acredita este certificado se considera de “usuario independiente”: permite comprender textos complejos, interactuar con cierta fluidez y escribir textos claros y detallados. Pero hay una pregunta que rara vez aparece junto al certificado: ¿para qué vamos a usar el idioma en cuestión?
Más allá de la comunicación cotidiana
Imaginemos a una ingeniera que se incorpora a una empresa internacional. Tiene un B2 de inglés, pero ese nivel no la ha preparado necesariamente para explicar por qué falla un componente del sistema de propulsión de una aeronave, defender una solución en una reunión o negociar un cambio en un proyecto. Un nivel de inglés general no equivale a dominar el lenguaje técnico y situacional que exige cada entorno laboral.
Algo parecido ocurre en otros sectores. Una persona que trabaja en un restaurante puede tener un B2 y, sin embargo, encontrar dificultades para explicar la elaboración de un plato de cocina vanguardista, distinguir determinados utensilios de la cubertería o describir las funciones de los distintos miembros de una brigada de cocina.
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En un hospital, la situación puede ser mucho más delicada. Un enfermero con un B2 de inglés general puede necesitar preguntar a un paciente extranjero qué le ocurre, dónde siente dolor o si es alérgico a algún medicamento. Después tendrá que explicarle un procedimiento y darle indicaciones. En ese momento, el idioma no es simplemente una asignatura ni una competencia que añadir al currículum: es una herramienta para tratar a una persona.
Esto no significa que el inglés general no sea importante. Lo es, y mucho. Es la base que nos permite comunicarnos en esa lengua y sobre la que podemos construir después un inglés adaptado a las necesidades de cada profesión. La cuestión es qué ocurre cuando tiene que utilizarse en situaciones profesionales concretas.
El análisis de necesidades en la enseñanza de lenguas
Aquí entra en juego el inglés para fines específicos. En 1987, Tom Hutchinson y Alan Waters destacaron la importancia de partir de las necesidades de quienes utilizarán la lengua. Antes de decidir qué enseñar, hay que saber para qué se utilizará. Una ingeniera, un enfermero y un profesional del turismo no necesitan exactamente el mismo inglés, porque tampoco lo emplean para hacer las mismas cosas.
Otros expertos, como Ana Bocanegra-Valle, han estudiado cómo identificar esas necesidades para diseñar una enseñanza ajustada a los contextos en los que se utilizará la lengua. La clave es conocer para qué precisarán los estudiantes el idioma antes de decidir qué y cómo enseñar.
En la práctica, esto significa que un curso de inglés con este enfoque no se diseña pensando solo en el nivel de inglés de los alumnos. También hay que tener en cuenta para qué van a utilizarlo, qué tareas tendrán que realizar en su trabajo y qué objetivos se quieren alcanzar con la formación. De ahí que los contenidos y las actividades puedan cambiar mucho de un ámbito profesional a otro.
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Lo que debe enseñar la universidad
Esta cuestión adquiere especial relevancia con la nueva Ley Universitaria para Andalucía (LUPA), que establece que todos los grados deberán contemplar competencias en una lengua extranjera y fija el B2 como requisito para obtener el título a partir de 2029. Sin embargo, existe una contradicción: se eleva la exigencia lingüística, pero rara vez se ofrecen asignaturas específicas de idioma o cursos de nivelación dentro del plan de estudios. Se traslada así al estudiantado la responsabilidad de alcanzar el B2 por su cuenta, mientras se le enfrenta a textos técnicos complejos sin el apoyo necesario.
Pero el problema no termina en sacar el B2. En la universidad, aprender una lengua extranjera también debería preparar al estudiante para utilizarla en contextos académicos y profesionales concretos. Una investigación reciente, que analiza los grados de 17 universidades españolas y profundiza en el caso de la Universidad de Cádiz, señala la necesidad de conectar la formación lingüística con las necesidades reales de los futuros profesionales. Esta perspectiva enlaza directamente con el inglés para fines específicos, que parte de una pregunta sencilla: ¿para qué necesitará el estudiante utilizar la lengua?
Una cuestión de igualdad de oportunidades
Aquí aparece una cuestión que va más allá de los idiomas: la equidad. Si cada vez hay menos asignaturas de idiomas especializados en los planes de estudio, los estudiantes que necesiten este tipo de formación tendrán que buscarla fuera de la universidad. Y esa formación tiene un coste. Quien pueda permitirse pagar cursos adicionales tendrá más posibilidades de completar su preparación en inglés para su futuro profesional. Y quien no pueda hacerlo, aunque tenga la misma capacidad y motivación, partirá con una desventaja.
La universidad pública no puede ofrecer todo lo que un profesional necesitará a lo largo de su carrera, pero sí debería procurar que una competencia tan importante como comunicarse en inglés en un contexto profesional no dependa de la capacidad económica de cada estudiante.
Por eso, la pregunta que deberíamos hacernos al hablar de idiomas en la universidad no es solo “¿Tiene un B2?”, sino “¿Qué necesita hacer con ese B2?”. Detrás de un certificado hay una persona que, algún día, tendrá que explicar una avería, atender a un paciente, recibir a un cliente o defender una idea ante un equipo internacional. Acreditar el B2 proporciona unos cimientos indispensables; enseñar a ejercer una profesión en inglés es dar sentido a esos conocimientos y prepararlos para el mundo laboral.
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Antonio Manuel Brenes Castaño no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Me saco el B2 y listo? La necesidad de un inglés adaptado al mundo laboral – https://theconversation.com/me-saco-el-b2-y-listo-la-necesidad-de-un-ingles-adaptado-al-mundo-laboral-293018

