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Dalí y Freud: el pintor fanático y el anciano analista se devoraron con los ojos

Dalí y Freud: el pintor fanático y el anciano analista se devoraron con los ojos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Iribas-Rudín, Bellas Artes, Universidad Complutense de Madrid

_Los primeros días de la primavera_, de Salvador Dalí (1929). Museo Thyssen-Bornemisza/Cortesía de The Dalí Museum, St. Petersburg, FL / Photo: Oriol Tarridas, 2024 / Salvador Dalí, Fundación Gala-Salvador Dalí

Sigmund Freud, creador del psicoanálisis, revolucionó la concepción occidental de la mente al sostener que buena parte de la vida psíquica es inconsciente.

Desde que el pintor catalán Salvador Dalí, estudiante en Madrid a principios de la década de 1920, leyó su obra La interpretación de los sueños, quedó tan impactado que pasó a considerarlo como un padre intelectual.

Escribió en su autobiografía que el libro le pareció: “uno de los descubrimientos capitales de mi vida, y se apoderó de mí un verdadero vicio de autointerpretación, no solo de los sueños, sino de todo lo que me sucedía, por casual que pareciese a primera vista”. A partir de ese descubrimiento, el psicoanálisis fue una constante conceptual tanto en las obras plásticas como en los escritos de Dalí.

En 1924, fuertemente influido por el pensamiento freudiano, surgió el movimiento artístico del surrealismo, que defendía la primacía del inconsciente y de lo irracional, declarándose como un “automatismo psíquico puro […] con exclusión de todo control ejercido por la razón”. En 1929, Dalí se unió al movimiento, del que pronto llegó a ser una figura principal, tanto en el aspecto conceptual –con la introducción de la racionalidad propia de su método paranoico-crítico– como en el formal, convirtiéndose en su mayor exponente pictórico, aunque acabó siendo expulsado en 1934.

Freud era un coleccionista aficionado de arte antiguo, poco interesado en las vanguardias. Varios dadaístas, incluido André Breton, lo visitaron en Viena en 1921 sin conseguir despertar el entusiasmo del maestro por su movimiento artístico. Por supuesto, también el pintor catalán intentó conocerlo en Viena en al menos una ocasión. Sin embargo, no tuvo éxito.

Gestación del encuentro

En junio de 1938, huyendo del nazismo, Freud abandonó su ciudad y se estableció en Londres. Se encontraba ya muy enfermo del cáncer oral que, un año más tarde, lo llevaría a la muerte. El escritor austríaco Stefan Zweig lo
describió así
:

“A cada momento la muerte proyectaba su sombra con más claridad sobre su rostro. Le hundía las mejillas, le esculpía las cejas en la frente, le sesgaba la boca, le entorpecía la palabra en los labios; solo contra los ojos no podía hacer nada el tétrico verdugo, contra aquella atalaya inexpugnable desde la cual aquel espíritu heroico contemplaba el mundo”.

Dalí solicitó que Zweig, gran amigo del psicoanalista, mediara para facilitar un encuentro con Freud. El escritor, que apreciaba enormemente la obra pictórica del catalán, envió tres cartas a su amigo, ensalzando al artista y solicitando la reunión. En la última escribió:

“Salvador Dalí, en mi opinión (por extrañas que puedan parecer muchas de sus obras), es el único pintor de genio de nuestra época y el único que sobrevivirá, un fanático convencido y el discípulo más fiel de sus ideas entre los artistas. Durante años, este verdadero genio ha deseado encontrarse con usted. Dice que le debe más en su arte que a ningún otro”.

Una reunión histórica

Por fin, el 19 de julio de 1938, Dalí acudió a la casa de Freud en compañía de Zweig y de su millonario amigo y mecenas Edward James. Llevaron el cuadro La metamorfosis de Narciso (1937) y un ensayo de Dalí publicado en la revista surrealista Minotaure en 1933.

Morfología del cráneo de un hombre.
Dibujo de la morfología del cráneo de Freud. Ilustración para el libro The Secret Life of Salvador Dalí, 1939-1941.
Museo Thyssen-Bornemisza/Cortesía de Fundación Gala-Salvador Dalí, Figueres / Salvador Dalí, Fundación Gala-Salvador Dalí / VEGAP 2026

Durante el encuentro, relató el pintor, “contrariamente a mis esperanzas, hablamos poco, pero nos devorábamos mutuamente con la vista”. Freud lo observó “durante largo rato en modo terriblemente agudo”, pero habló sobre todo con Zweig y Jones.

Mientras tanto, Dalí realizó al menos un boceto de la cabeza de Freud. James describió que “Salvador parecía tan inspirado, sus ojos ardían con tanto entusiasmo mientras dibujaba al inventor del psicoanálisis, que el anciano murmuró en alemán: ‘Ese muchacho parece un fanático. No me extraña que haya una guerra civil en España si se parecen a él’”. Solo cuatro meses más tarde, cuando se reencontró con Zweig, pudo Dalí preguntarle por la opinión de Freud sobre el retrato:

“Le ha gustado mucho ―me dijo Zweig.

Insistí a pesar de todo, curioso por saber si Freud había hecho alguna observación concreta o el menor comentario que hubiera sido para mí infinitamente precioso, pero Stefan Zweig me pareció evasivo o distraído por otros pensamientos. Pretendía que Freud había apreciado mucho la ‘delicadeza de los rasgos’”.

Solo al leer el libro póstumo de Zweig El mundo de ayer, Dalí se enteró de que “Freud jamás vio su propio retrato. Zweig me había mentido piadosamente”. El propio Zweig confesaba: “nunca me atreví a enseñárselo a Freud porque Dalí, clarividente, había incluido ya la muerte en él”.

La teoría bajo una pintura

El cuadro La metamorfosis de Narciso, acompañado de un poema homónimo, trata del mito de Narciso, que se enamoró de su propio reflejo. También aludía al reciente asesinato de Federico García Lorca –antiguo amigo íntimo del pintor, con quien hubo atracción homoerótica–, de Gala, la esposa de Dalí, de masturbación, del amor heterosexual, de la redención, de la muerte y del renacimiento.

El cuadro es, además, un ejemplo particular del método paranoico-crítico inventado por Dalí, una estrategia de conquista de lo irracional, de sistematización del delirio que, en la práctica pictórica, se manifiesta en las imágenes dobles, formas ambiguas que permiten identificar elementos diferentes según se va cambiando la atención visual.

Pintura surrealista de Salvador Dalí en la que lo que parece una mano gigante sujeta un huevo del que sale una flor, mientras que en un lago frente a ella el reflejo de una mano sujeta una pieda.
La metamorfosis de Narciso, 1937, óleo sobre tela, 51 x 78 cm.
Tate Gallery, Londres/Wikimedia Commons

En el caso de La metamorfosis de Narciso, no hay una única imagen formalmente equívoca, sino que la misma composición está desdoblada en la figura de la izquierda, el ensimismamiento de Narciso, y su petrificación con el huevo y la flor del narciso como símbolo de Gala a la derecha.

En el poema, Dalí recomienda una suerte de imposible experimento perceptivo de “metamorfosis”: contemplar con una fijación distraída la figura de Narciso hasta que desaparece y se transforma en la figura de la derecha.

Freud mostró interés y admiración por la calidad técnica del cuadro y, según Dalí, dijo: “en las pinturas clásicas, busco lo subconsciente; en una pintura surrealista, lo consciente”. Pero, en su línea de rechazo de las teorías surrealistas, se mostró distante respecto a los intentos del pintor de interesarlo por las formulaciones psicológicas de su artículo.

Un dandy del ‘intelectualismo universal’

Dalí relató el fracaso de su empeño por quedar como un teórico válido ante el maestro:

“Antes de partir quería darle una revista donde figuraba un artículo mío sobre la paranoia. Abrí, pues, la revista, en la página de mi texto, y le rogué que lo leyera si tenía tiempo para ello. Freud continuó mirándome fijamente sin prestar la menor atención a mi revista. Tratando de interesarle, expliquele que no se trataba de una diversión surrealista, sino que era realmente un artículo ambiciosamente científico y repetí el título, señalándolo al mismo tiempo con el dedo. Ante su imperturbable indiferencia, mi voz se hizo involuntariamente más aguda y más insistente. Entonces, sin dejar de mirarme con una fijeza en que parecía convergir su ser entero, Freud exclamó, dirigiéndose a Stefan Zweig: ‘Nunca vi ejemplo más completo de español. ¡Qué fanático!’”.

Al día siguiente, Freud escribió a Zweig:

“hasta ahora me sentía inclinado a considerar a los surrealistas, que, al parecer me han elegido […] su santo patrono, como chiflados incurables (digamos que en un 95 por 100, como el alcohol). El joven español, sin embargo, con sus ojos cándidos y fanáticos y su indudable maestría técnica, me ha hecho reconsiderar mi opinión. En realidad, sería muy interesante investigar analíticamente cómo ha llegado a ser compuesto un cuadro así”.

Más allá de esta apreciación, Freud no volvió a pronunciarse sobre el arte de vanguardia.

Si bien el anciano obtuvo comparativamente poco de la cita con el joven pintor, en Dalí dejó un recuerdo imborrable. Rememoró el encuentro en multitud de ocasiones y se preció de haber influido en la opinión que hasta entonces había tenido el padre del psicoanálisis sobre el surrealismo.


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The Conversation

Ana Iribas-Rudín no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Dalí y Freud: el pintor fanático y el anciano analista se devoraron con los ojos – https://theconversation.com/dali-y-freud-el-pintor-fanatico-y-el-anciano-analista-se-devoraron-con-los-ojos-294068

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