Source: The Conversation – (in Spanish) – By Dr. Horacio Gómez Rodríguez, Investigador en tecnologías aplicadas a la educación y Sistemas de comunicación y Redes de computadora, Universidad de Guadalajara
Cada día enviamos millones de correos electrónicos. Escribimos un mensaje, añadimos un destinatario, adjuntamos un archivo y pulsamos un botón que parece hacer todo el trabajo: “Enviar”.
Podemos imaginar que el mensaje sale de nuestro ordenador o teléfono y llega directamente al dispositivo del destinatario. Sin embargo, detrás de esa acción cotidiana existe una infraestructura de servidores, redes, protocolos y sistemas de seguridad que trabajan en segundos para que la comunicación llegue a su destino.
El primer paso: el correo sale de nuestro dispositivo
Un correo electrónico no viaja como una carta digital que pasa de una computadora a otra. Antes, se convierte en información que debe organizarse, identificarse, transportarse y entregarse, mediante reglas que permiten comunicarse a millones de dispositivos conectados a internet.
Primero se establece una comunicación con el servidor de correo que gestiona el envío. Gmail, Outlook o cualquier otra aplicación de cliente de correo electrónico permiten crear el mensaje, adjuntar archivos y comunicarse con el servidor del proveedor correspondiente –Google para Gmail, Microsoft para Outlook, etc–.
Estos servidores funcionan como oficinas digitales que reciben y envían millones de mensajes por segundo.
Un lenguaje común para comunicarse
Para que diferentes sistemas puedan intercambiar datos, necesitan reglas comunes llamadas protocolos de comunicación. Son un conjunto de instrucciones que establecen cómo debe enviarse, recibirse e interpretarse la información.
En el caso del correo electrónico, uno de los protocolos principales es SMTP –Simple Mail Transfer Protocol–. Es el encargado de indicar: “este mensaje pertenece a este usuario, tiene este destinatario y debe entregarse a este servidor”.
Sin protocolos comunes, cada proveedor podría utilizar reglas diferentes, y enviar un correo entre sistemas distintos sería mucho más difícil.
¿Cómo sabe internet dónde entregar el correo?
Supongamos que enviamos un mensaje a usuario@universidad.edu. Una persona reconoce el nombre del destinatario y su institución, pero las computadoras necesitan localizar el servidor que recibe el correo de ese dominio.
Aquí interviene el Sistema de Nombres de Dominio (DNS), que funciona como una enorme agenda digital. Así como una persona busca un contacto por su nombre en un teléfono móvil y obtiene un número, las computadoras consultan el DNS para descubrir qué servidor corresponde a un determinado dominio.
Una vez localizado el destino, el mensaje debe atravesar diferentes redes –internet no es una única red, sino una enorme interconexión de redes–. En ese recorrido, pueden intervenir proveedores, centros de datos, routers y enlaces de comunicación. Los routers encaminan los paquetes hacia otras redes hasta acercarlos a su destino.
Eso sí, no existe una única ruta para todos los correos. El recorrido puede cambiar según la ubicación, la disponibilidad de las redes y las decisiones de los sistemas de direccionamiento.
Las capas invisibles que hacen posible un correo electrónico
La capa de transporte se ocupa de segmentar los datos, para mover por diferentes rutas el correo electrónico. Incluye el protocolo TCP (Protocolo de Control de Transmisión), que ayuda a organizar la comunicación y controlar que los datos lleguen correctamente y de forma completa. Si alguna parte se pierde, puede solicitarse nuevamente.
En la capa de internet, interviene el protocolo IP (Protocolo de Internet). Cada dispositivo utiliza una dirección IP que permite identificarlo y localizarlo dentro de la red. Esto hace posible que los paquetes de información puedan desplazarse desde el origen hasta el destino.
Finalmente, la información debe transmitirse mediante tecnologías como wifi, Ethernet, fibra óptica o redes móviles. Detrás de un mensaje, existen señales eléctricas, ondas de radio y otros sistemas de comunicación.
Después de recorrer internet, el email llega al servidor de correo del destinatario. Allí puede quedar almacenado hasta que la persona consulte su cuenta.
Mientras, protocolos como IMAP –Internet Message Access Protocol– permiten sincronizar los mensajes entre el servidor y diferentes dispositivos. Por eso, podemos consultar el mismo correo desde una computadora, un teléfono móvil o una tableta.
El correo no solo debe llegar, también debe protegerse
Los servicios de correo utilizan mecanismos de seguridad para proteger la comunicación. Uno de ellos es TLS (Transport Layer Security), que permite cifrar las conexiones entre dispositivos y servidores, para dificultad que terceros puedan interceptar la información por el camino.
Además, existen mecanismos de autenticación para reducir problemas como el correo no deseado o los mensajes fraudulentos.
Un botón pequeño detrás de una infraestructura enorme
La próxima vez que enviemos un correo, podemos recordar que detrás de ese pequeño botón existe una enorme infraestructura tecnológica donde intervienen aplicaciones, servidores, protocolos, DNS, routers, redes y mecanismos de seguridad.
En este escenario, internet funciona porque millones de dispositivos pueden comunicarse siguiendo reglas comunes. Y cada correo electrónico es una pequeña demostración de cómo esas reglas permiten que una idea escrita en una pantalla pueda llegar a otra persona en cuestión de segundos.
Eric Eduardo Angel Angel, alumno de la carrera de Ingeniería en Computación por la Universidad de Guadalajara, ha colaborado en la redacción de este artículo, como parte de su servicio social.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. El camino que recorre un email cuando pulsamos “enviar” – https://theconversation.com/el-camino-que-recorre-un-email-cuando-pulsamos-enviar-291805

