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Teledetección y satélites para convertir a los estudiantes en científicos y activistas por el suelo

Teledetección y satélites para convertir a los estudiantes en científicos y activistas por el suelo

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Luis Armando Martínez Echeverría, Formación académica que incluye la Licenciatura en Geografía y Ordenamiento, Ambiental, por la Universidad de Guadalajara, y la Maestría y Doctorado en Innovación Educativa por Centro Educativo Valles Virtual. Además de Diplomados., Universidad de Guadalajara

Imagen satelital de incendios en México tomada en febrero de 2024. BEST-BACKGROUNDS/Shutterstock

Para entender la importancia del suelo, es necesario reconocerlo como un ecosistema complejo. La densidad biológica es tan alta que una sola cucharada de tierra superaría en población a la humanidad entera. Este sistema se compone de microfauna, bacterias y hongos, capaces de generar materia orgánica que regula el clima y facilita la filtración de agua hacia los mantos acuíferos.

Trasladar esta realidad a la enseñanza no consiste en imponerla con argumentos académicos. Gracias a los Sistemas de Información Geográfica (SIG), los estudiantes pueden observar imágenes y, después, analizar los cambios en el uso del suelo en periodos de tiempo determinados.

Si además integramos la teledetección mediante sistemas satelitales en el aula, hacemos del aprendizaje en un proceso científico. Este convierte al alumno en protagonista del monitoreo de su propio territorio y en un agente crítico sobre lo que le sucede a ese suelo como fuente de vida.

Auge de los invernaderos: el caso de Zapotlán el Grande

Un ejemplo de ello lo encontramos en el proyecto docente desarrollado en torno al municipio de Zapotlán el Grande, en Jalisco (México). Las investigaciones han documentado un crecimiento exponencial de los invernaderos en el suelo agrícola de esta localidad en los últimos 25 años. Esta modalidad de explotación ejerce gran presión sobre el suelo, transformando zonas de vocación agrícola temporal en cultivos de precisión con rendimientos cada vez menores a medida que los suelos pierden su fertilidad original.

Mediante la integración de imágenes satelitales y análisis de los SIG en el aula, los estudiantes no solo constatan por sí mismos este cambio en el uso del suelo y su impacto sobre la fertilidad, sino que también descubren y reflexionan sobre cuestiones relacionadas con el cambio climático.

La verdadera innovación pedagógica en el caso de Zapotlán el Grande no tiene que ver únicamente con utilizar las imágenes de los satélites de última generación: integrar la teledetección en el aula significa dejar que la ciencia sea una actividad exclusiva de laboratorios lejanos y convertirla en una herramienta ciudadana. Al analizar la reflectancia de los plásticos de los invernaderos frente a la textura rugosa de los bosques nativos, el estudiante de secundaria es consciente del cambio climático y, además, lo documenta.

Incidencia educativa y políticas públicas

A menudo caminamos por la ciudad, el parque o el campo sin notar que bajo nuestros pies está uno los recursos naturales más importantes. El suelo, más que un elemento común de nuestros ecosistemas, constituye un componente ambiental muy valioso, pero a menudo olvidado en las políticas públicas y en las agendas educativas.

Se trata del soporte fundamental para la vida y del sustento para las actividades económicas primarias. Posicionar al suelo como el eje transversal que conecte diversas disciplinas dentro de la educación ambiental, responde a la necesidad de promover el aprendizaje significativo en las escuelas. Una vía para que los estudiantes puedan contrastar los datos con la realidad palpable de su propio territorio.

En el contexto actual, el suelo se ha convertido en el aliado perfecto para contrarrestar el cambio climático. Se trata del elemento que más carbono absorbe y retiene, solo comparable al papel que juegan en este mismo sentido los océanos. Tener un suelo sano, rico en materia orgánica, garantiza que el desastre natural que enfrentamos a nivel global pueda solucionarse.

No obstante, el tiempo no está de nuestro lado, en la escala de vida humana, al tratarse de un recurso no renovable. Se necesita de aproximadamente un milenio para formar apenas un centímetro de tierra fértil. Lo que la naturaleza toma siglos para crear, el ser humano lo desaparece en poco tiempo con la deforestación, las malas prácticas agrícolas, los incendios intencionados y la expansión de la mancha urbana.

Cabe recordar que el 95 % de la producción alimentaria mundial depende directamente del suelo. Ignorar su importancia por la ambición de mayores rendimientos por hectárea terminará sobreexplotándolo y comprometerá el futuro de nuestro medio ambiente, la agricultura y la vida humana.

Mapas y satélites: ojos científicos en el aula

¿Cómo podemos monitorear estos cambios que ocurren en nuestra vida sin darnos cuenta y, en las últimas décadas, de manera acelerada? La respuesta está en la tecnología. La mencionada teledetección permite obtener información a distancia sobre objetos o escenarios sin estar en contacto con ellos y sus aplicaciones resultan fundamentales para los estudios sobre el medio ambiente.

Un ejemplo al alcance de casi todos lo ofrece Google a través de sus plataformas Google Earth Engine o Google Maps. Estas utilizan imágenes de teledetección provenientes principalmente de satélites como Landsat 7 y 8 (NASA), así como satélites Sentinel (ESA/Copernicus). También entran en juego algoritmos avanzados para mejorar la definición, eliminar nubes, corregir colores y generar mosaicos visuales.

A través de estas herramientas y de los Sistemas de Información Geográfica (SIG), los estudiantes pueden observar imágenes y, después, analizar los cambios en el uso del suelo en periodos de tiempo determinados. Esto permite detectar detalles invisibles a la vista del ser humano y valorar procesos complejos, sin distinguir fronteras administrativas.

Además, los SIG facilitan la detección de incendios forestales, permitiendo conocer mejor la superficie afectada, ayudan a interpretar la sequía de los cuerpos de agua y permiten observar el crecimiento de la mancha urbana.

Metodologías activas

El docente deja de ser un simple transmisor de información para convertirse en un mediador que guía al alumno a transformar su entorno con base en datos técnicos. Si este proceso se acompaña con metodologías activas, tales como el aula invertida, la modalidad DUA (Diseño Universal de Aprendizaje), la transmisión de conocimiento a partir de problemas y la ludificación, entre otras, tendremos alumnos-ciudadanos que no sólo habitan su espacio, sino que se vuelven críticos ante lo que sucede con el suelo.

La vigilancia satelital, aplicada con una ética de la tierra, asegura que la protección de nuestros suelos no sea una idea abstracta, sino una decisión informada para preservar la vida en todas sus escalas.

The Conversation

Luis Armando Martínez Echeverría no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. Teledetección y satélites para convertir a los estudiantes en científicos y activistas por el suelo – https://theconversation.com/teledeteccion-y-satelites-para-convertir-a-los-estudiantes-en-cientificos-y-activistas-por-el-suelo-276883

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