Source: The Conversation – (in Spanish) – By Jaime Martínez Valderrama, Científico Titular, Estación Experimental de Zonas Áridas (EEZA – CSIC)

Como ocurre con otros alimentos rodeados de un aura casi milagrosa, la fiebre por el aguacate parece imparable. Son innegables sus propiedades nutritivas y su asociación con la categoría de los llamados “superalimentos”, definidos por la RAE como aquellos “a los que se les suponen propiedades beneficiosas para la salud añadidas a su valor nutritivo”.
Los denominados “superalimentos” –un término más publicitario que científico–, caracterizados por su elevado contenido en antioxidantes, fibra, vitaminas y minerales, no solo se consumen por sus supuestos beneficios para la salud. Además, suelen percibirse como productos “naturales”, asociados a prácticas de manejo tradicionales desarrolladas y perfeccionadas por comunidades indígenas a lo largo de siglos o, al menos, sostenibles. Pero esto no siempre es así.
Incentivos que se traducen en la intensificación del cultivo
Las modas alimentarias generan nuevas demandas de consumo que, en un mundo tan conectado y tecnificado, se traducen rápidamente en la expansión de los cultivos más demandados. En España, la superficie dedicada al aguacate ha aumentado un 62 % en la última década, superando ya las 24 000 hectáreas. Además, este cultivo ha desbordado su ámbito tradicional –la Costa Tropical granadina y la Costa del Sol malagueña, donde aún se concentra el núcleo principal con unas 16 500 hectáreas– para extenderse hacia nuevos territorios.
Las Islas Canarias, pioneras y especialmente aptas para este cultivo, albergan alrededor de 1 400 hectáreas. A ellas se suman otras provincias andaluzas, como Cádiz (1 800 hectáreas), y la Comunidad Valenciana (4 200 hectáreas), donde el aguacate está sustituyendo progresivamente a los cítricos, hoy menos rentables pese a sus conocidas propiedades. Allí encuentra condiciones favorables, como la proximidad al mar –que reduce el riesgo de heladas– y determinadas áreas montañosas.
El crecimiento del consumo en España es igualmente notable: según el Panel de Consumo Alimentario en los hogares, pasó de 0,66 en 2010 a 2 kg en 2024 por habitante y año. Para satisfacer esta demanda, el mercado español depende en gran medida de las importaciones, que alcanzaron las 262 000 toneladas en 2024, de acuerdo con DATACOMEX.
Ello no impide que una parte importante de la producción nacional se destine a la exportación. Como ocurre con frecuencia en el mercado agroalimentario global, resulta perfectamente compatible –según la lógica de los mercados– exportar cerca de 140 000 toneladas de aguacate y, al mismo tiempo, importar producto procedente de lugares tan lejanos como Perú, origen del 66 % de los aguacates importados por España.
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Otros alimentos nutritivos, incluidos los de origen animal
Más allá de estos alimentos de corte exótico, lo cierto es que en el ámbito mediterráneo tenemos la suerte de contar con diversos alimentos con destacadas propiedades nutricionales, como el innegociable aceite de oliva o las humildes almendras. Como vemos, parece que este tipo de alimentos han de ser necesariamente vegetales, dado que muchas corrientes nutricionales y ambientales han proscrito la proteína animal.
En este sentido es necesario reivindicar uno de los alimentos más completos: el huevo. Su perfecto equilibrio proteico es utilizado como el estándar de referencia para evaluar la calidad de las proteínas de otros alimentos debido a su alto valor biológico y perfil completo de aminoácidos. Además, es una fuente de colina, crucial para el desarrollo cognitivo y la salud cerebral y tiene un alto poder saciante, con solo 70-80 kcal por unidad. Hay otros “superalimentos” de origen animal. El yogur, por ejemplo, es un aliado para mantener en forma nuestra microbiota, pieza fundamental de nuestra salud.
Aunque el consumo de carne en exceso está desaconsejado, lo cierto es que la proteína animal fue clave en nuestra evolución como especie. La inteligencia se sustenta en un cerebro que demanda mucha energía y requiere alimentos con alta densidad de nutrientes, como la carne. Esta fue la que permitió a nuestra especie acortar la longitud del intestino, reducir el tamaño de las mandíbulas y dedicar tiempo y energía a algo más que masticar y digerir fibras vegetales. Aún hoy sigue siendo un componente esencial de la alimentación humana. Un estudio reciente señala que la mayoría de los alimentos más ricos en micronutrientes esenciales –como hierro, zinc, ácido fólico, vitamina A, calcio y vitamina B12, cuyas deficiencias siguen siendo muy frecuentes a escala global– son de origen animal.
La cara B de productos que no son tan naturales
La realidad de los alimentos de moda –una lista cada vez más extensa y cambiante que que se actualiza constantemente– dista mucho de ser tan atractiva como sugiere la publicidad. Muchos de los beneficios para la salud que se les atribuyen carecen de un respaldo científico sólido, especialmente cuando se analizan a partir de ensayos controlados de intervención en humanos.
Desde el punto de vista ambiental, su expansión fuera de sus dominios naturales está generando impactos considerables. Cuando un cultivo como el aguacate abandona los ambientes tropicales, caracterizados por lluvias abundantes y relativamente regulares, para implantarse en regiones áridas, surgen elevadas necesidades de riego que ponen en riesgo el equilibrio hídrico de esos territorios.
El deterioro y descenso de las masas de agua subterránea en muchas de estas zonas productoras constituye una clara evidencia de ello. A este agotamiento del recurso hídrico se suman otros procesos de degradación, como la salinización de los suelos y la erosión derivada de la transformación de laderas abruptas, desprovistas de su cubierta vegetal para albergar nuevas plantaciones.
Incluso en sus regiones de origen, donde estos cultivos están mejor adaptados a las condiciones ambientales, los impactos ecológicos son muy significativos al sobrepasar la disponibilidad de espacio y recursos.
Así, cuando la rentabilidad a corto plazo se convierte en el principal criterio de producción, tienden a imponerse el monocultivo –con la consiguiente pérdida de diversidad genética–, el uso intensivo de agroquímicos, la degradación progresiva del suelo y la tala indiscriminada de bosques para ampliar la superficie cultivada.
Una dieta variada y no basada en los alimentos de moda
Cada cierto tiempo surgen alimentos presentados casi como soluciones milagrosas capaces de resolver todos nuestros problemas de salud. Incorporarlos a la dieta puede ser positivo y enriquecedor, pero convertirlos en el eje exclusivo de la alimentación resulta contraproducente. Un enfoque nutricional más equilibrado pasa por mantener una dieta variada –tanto en el día a día como a lo largo de las estaciones–, basada en productos frescos y de temporada, evitando los ultraprocesados.
Desde el punto de vista ambiental, más importante que el producto en sí es comprender –aunque a menudo no resulte sencillo– cómo se produce ese alimento. No es comparable la carne procedente de macrogranjas con la obtenida de rebaños móviles que aprovechan distintos recursos pastables. Del mismo modo, no es equivalente consumir un aguacate cultivado en una pequeña explotación familiar con riego de apoyo que otro procedente de grandes monocultivos implantados sobre áreas previamente deforestadas.
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Jaime Martínez Valderrama no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. Así se está extendiendo el cultivo del aguacate por España a pesar de sus consecuencias ambientales – https://theconversation.com/asi-se-esta-extendiendo-el-cultivo-del-aguacate-por-espana-a-pesar-de-sus-consecuencias-ambientales-280939
