Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Hospital Ribas, Profesora de Odontologia Legal y Forense. Directora Diploma Odontologia Legal y Forense, Universitat Internacional de Catalunya
Cuando se retiraron las aguas tras el tsunami del océano Índico, ocurrido el 26 de diciembre de 2004, alrededor del 80 % de las decenas de miles de víctimas, sobre todo extranjeras, pudieron ser identificadas gracias a sus datos dentales, ya fuera por métodos exclusivamente odontológicos o en combinación con otros. Sin remontarse tan atrás en el tiempo, este método forense también fue básico para poner nombres y apellidos a las personas que perdieron la vida a consecuencia de la dana de Valencia.
Y es que la identificación odontológica es un procedimiento fundamental en contextos –desastres masivos o casos judiciales en los que los cuerpos están gravemente dañados o descompuestos– donde otras herramientas como el estudio de la huella digital y las partes blandas del cadáver resultan limitados o inviables.
No hay dos dentaduras iguales
La cavidad bucal es “la caja negra del organismo”, tal y como definió el profesor y gran experto español José Manuel Reverte Coma. Presenta características únicas en cada individuo, como la propia forma dental, tratamientos protésicos, ausencias dentarias y alteraciones patológicas. No existen dos dentaduras iguales.
Además, los dientes son estructuras extremadamente resistentes a condiciones adversas –como el calor, la putrefacción o la presión física–, ya que están formados por esmalte, uno de los tejidos más duros del organismo.
Aunque no son los únicos elementos dentro de la cavidad bucal con validez identificativa: también los labios o las arrugas del paladar tienen características individualizadoras. Otra ventaja es que podemos obtener ADN a partir de estructuras dentales en casos donde los registros odontológicos comparativos por sí solos no resultan concluyentes.
Un verdadero DNI dental
Existen dos tipos de identificaciones odontológicas: la reconstructiva y la comparativa. La primera consiste en obtener datos antropométricos de restos esqueléticos como los maxilares y dientes para determinar especie, grupo poblacional, edad, talla…. Por su parte, la identificación comparativa coteja los datos dentales de personas desaparecidas (antemortem) con registros dentales de las víctimas (postmortem). En el caso de desastres de masas como accidentes aéreos, terremotos, incendios, ataques terroristas o siniestros ferroviarios como el de Adamuz se utiliza esta última.
El éxito de una identificación depende de la disponibilidad de buenos registros dentales antemortem (historia clínica, odontogramas, radiografías, fotografías intraorales, modelos dentales…) para poder comparar con los datos postmortem. Sin estos registros, la comparación puede ser imposible o menos fiable, por muy bien que trabajen los equipos DVI (siglas de Disaster Victim Identification).
Por todo ello, una buena práctica odontológica y el mantenimiento de historiales dentales detallados por parte de los odontólogos incrementan enormemente las posibilidades de identificación en situaciones de desastre. De ahí la importancia concienciar a estos profesionales para que obtengan registros dentarios de forma detallada y meticulosa. Hoy en día, tener una ortopantomografía (radiografía panorámica de la dentición) equivale a poseer un documento de identidad, un DNI.
Una disciplina en pleno desarrollo
En los últimos tiempos, los avances tecnológicos han impulsado avances significativos en la odontología forense: la radiografía digital, la tomografía, el escaneo intraoral 3D y los sistemas de gestión electrónica de registros han mejorado la precisión y eficiencia en la comparación de datos antemortem y postmortem. Además, el uso de software especializado para comparar datos dentales, como el sistema PlassData que se utilizó en el tsunami de 2004, mejoró considerablemente la eficiencia del proceso.
De todos modos, también hay que señalar la odontología no siempre se revela como el método más eficaz en los desastres masivos. Por ejemplo, la mayor parte de las víctimas de los atentados terroristas del 11 de marzo de 2004 en Madrid fueron identificadas por dactiloscopia, ya que el análisis de los dientes cobra más protagonismo en aquellos casos en que no es posible comparar huellas dactilares por el mal estado de las manos de las víctimas o por no tener registro de datos antemortem. Y en el caso del vuelo 9525 de Germanwings, que causó 150 muertes en los Alpes franceses en 2015, se utilizaron todos los métodos primarios –odontología, dactiloscopia y ADN–, pero la mayoría de víctimas se identificaron mediante el análisis genético.
En definitiva, la identificación odontológica en catástrofes es una herramienta científica, válida y fiable que ha permitido poner nombre y apellidos a miles de víctimas en desastres de masas o en casos criminales, aunque es importante conocer las limitaciones de cada método. El éxito está en la combinación de todos ellos.
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Ana Hospital Ribas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. La odontología forense es una herramienta clave para identificar víctimas de catástrofes – https://theconversation.com/la-odontologia-forense-es-una-herramienta-clave-para-identificar-victimas-de-catastrofes-275635

