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Nuevo estudio sobre las dietas yoyó: el problema no es intentarlo, es seguir malas estrategias

Nuevo estudio sobre las dietas yoyó: el problema no es intentarlo, es seguir malas estrategias

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Juan Alfonso Revenga Frauca, Director experto, Grado de Nutrición Humana y Dietética, Universidad Internacional de Valencia; Universidad San Jorge

Inspiration GP/Shutterstock

Pocas frases se repiten tanto en torno al peso corporal como esta: “me he cargado el metabolismo”. Muchas personas que han perdido kilos y los han recuperado sienten que cada intento fallido les deja peor que antes: con más grasa, menos músculo, más hambre, menos gasto energético y una capacidad cada vez menor para volver a adelgazar. Esa idea ha convertido al llamado “efecto yoyó” en una amenaza casi irreversible.

Según esta narrativa, bajar peso para después recuperarlo no solo sería frustrante, sino también metabólicamente peligroso. Incluso se ha popularizado la idea de que sería preferible no intentar adelgazar antes que exponerse a un ciclo de “pérdidas y ganancias”.

Una nueva revisión

Pero una revisión crítica publicada en The Lancet Diabetes & Endocrinology invita a replantear esa conclusión. Sus autores revisan la evidencia disponible sobre el denominado weight cycling –los ciclos repetidos de pérdida y recuperación de peso– y concluyen que no hay pruebas sólidas de que este fenómeno, por sí mismo, cause un daño clínico duradero en personas con obesidad.

La clave está en el matiz: no significa que recuperar peso sea deseable, ni que cualquier dieta sea una buena idea. Pone de relieve algo más concreto: la evidencia actual no permite afirmar que adelgazar y volver a ganar kilos “rompa” el metabolismo o deje necesariamente a la persona peor que al principio.

La distinción es importante porque el miedo al “efecto yoyó” puede convertirse en una barrera para buscar ayuda, iniciar cambios o retomar estrategias de salud después de haber recuperado el peso. Y, en un contexto en el que la obesidad es una enfermedad crónica y recividante, transmitir que cada intento fallido produce un daño irreversible puede añadir culpa, fatalismo y abandono.

Qué sabemos, y qué no, sobre perder y recuperar peso

Parte de la confusión procede de cómo se han interpretado muchos estudios observacionales. Las personas que han vivido más ciclos de adelgazamiento y recuperación de peso suelen presentar también más dificultad para mantener las pérdidas, mayor grado de adiposidad o más años de exposición a la obesidad. Si en estos grupos se observan más alteraciones metabólicas, no siempre es fácil saber qué es causa y qué es consecuencia.

Dicho de otro modo: que una persona con peor salud metabólica haya hecho más dietas no demuestra que las dietas hayan causado ese deterioro. Puede ocurrir lo contrario: que una mayor adiposidad, una historia más prolongada de exceso de peso o la presencia previa de factores de riesgo expliquen tanto la mayor frecuencia de intentos de adelgazamiento como los peores resultados de salud.

Miedo (injustificado) a perder músculo

Uno de los temores más extendidos a la hora de ponerse a dieta es la pérdida de masa muscular. Al adelgazar, el cuerpo no pierde solo grasa; también puede perder una parte de masa magra. El miedo asociado al “efecto yoyó” radica en que, al recuperar el peso, se recupere sobre todo grasa y no músculo, generando una composición corporal cada vez más desfavorable.

Sin embargo, según la revisión mencionada, los datos disponibles no muestran de forma consistente una pérdida desproporcionada y permanente de masa magra atribuible al weight cycling en sí mismo. El resultado dependerá de muchos factores: el peso final alcanzado, la cantidad de proteína de la dieta, el tipo de intervención, el nivel de actividad física y, especialmente, la presencia o ausencia de entrenamiento de fuerza.

Algo parecido ocurre con el gasto energético. La idea popular dice que cada dieta deja el metabolismo “más lento”, pero el gasto metabólico está muy condicionado por el tamaño corporal y la composición del cuerpo. Si una persona pesa menos, necesita también menos energía para mantenerse; si recupera kilos, su gasto vuelve a ajustarse. Esa adaptación no equivale necesariamente a una avería metabólica permanente.

El problema es mantenerse

Ahora bien, desmontar el mito del metabolismo roto no significa trivializar la recuperación de peso. Cuando una persona adelgaza, puede mejorar su presión arterial, glucosa, lipidemia, movilidad, descanso o calidad de vida. Y si recupera los kilos perdidos, parte de esos beneficios puede reducirse o desaparecer, devolviendo a la persona hacia su punto de partida metabólico. Pero eso no demuestra que el ciclo de pérdida y recuperación haya producido un daño adicional.

Y esta es una de las ideas más relevantes del artículo: el problema principal no sería haber intentado adelgazar, sino la dificultad de sostener en el tiempo una pérdida de peso suficiente y saludable.

Este matiz también es relevante en la era de los nuevos fármacos para la obesidad, como los agonistas del receptor GLP-1 (como el Ozempic) y otros tratamientos homólogos. En muchos casos, estos medicamentos logran pérdidas de peso importantes, pero al suspenderlos puede producirse una recuperación parcial o total. Interpretar esa recuperación como prueba de que el tratamiento “estropea” el metabolismo sería simplificar demasiado. Puede indicar, más bien, que la obesidad requiere estrategias de tratamiento crónicas, igual que ocurre con otras enfermedades de esa índole.

El mensaje práctico: ni miedo ni dietas milagro

La conclusión no debería ser que las dietas yoyó no importen. Importan, y mucho: suelen ir acompañadas de frustración, culpa, pérdida de confianza, abandono de hábitos saludables y deterioro de la relación con la comida. También pueden reflejar intervenciones mal planteadas: regímenes excesivamente restrictivos, objetivos poco realistas, falta de seguimiento profesional o enfoque exclusivo en la báscula.

En cualquier caso, no deberíamos transmitir que haber recuperado peso significa haber fracasado de forma irreversible. Muchas personas que logran mantener una pérdida de peso relevante a largo plazo han tenido intentos previos. En salud, los cambios rara vez siguen una línea recta.




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El mejor enfoque teórico-práctico consiste en sustituir la lógica de la dieta temporal por la lógica del tratamiento sostenible. Esto implica plantear objetivos realistas, preservar la masa muscular, evitar restricciones extremas, promover alimentos saciantes y nutritivos, dormir mejor, moverse más y contar con apoyo profesional cuando sea posible. En suma, priorizar la adherencia por encima de cualquier otra variable.

También significa entender que el peso corporal está regulado por sistemas biológicos potentes. Tras perder peso, el cuerpo puede aumentar el hambre, reducir parcialmente el gasto energético y favorecer la recuperación. Eso no es una prueba de debilidad personal, sino una respuesta adaptativa. Por eso, mantener el peso perdido suele requerir estrategias de largo plazo, no solo fuerza de voluntad.

Una intervención bien diseñada debería incluir suficiente proteína, entrenamiento de fuerza, actividad física regular, satisfacción dietética, educación alimentaria, seguimiento continuado y apoyo psicológico o conductual si es necesario. En algunas personas, también puede requerir tratamiento farmacológico o cirugía bariátrica. La elección depende del grado de obesidad, las comorbilidades (presencia de varias enfermedades al mismo tiempo), la historia clínica y las preferencias de la persona.

Fuera fatalismos

Conviene abandonar el fatalismo: haber recuperado peso no significa que el metabolismo esté roto. Tampoco significa que no merezca la pena volver a intentarlo. Supone que la estrategia anterior no fue suficiente, no fue sostenible o no contó con los apoyos adecuados.

La revisión publicada no absuelve a las dietas milagro, ni convierte el efecto rebote en algo inocuo. Lo que hace es desmontar una idea más concreta y paralizante: que adelgazar y recuperar peso daña inevitablemente el metabolismo.

Porque en obesidad, como en tantas otras áreas, un intento fallido no debería interpretarse como el final del camino, sino como información para diseñar el siguiente paso.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

ref. Nuevo estudio sobre las dietas yoyó: el problema no es intentarlo, es seguir malas estrategias – https://theconversation.com/nuevo-estudio-sobre-las-dietas-yoyo-el-problema-no-es-intentarlo-es-seguir-malas-estrategias-283628

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