Post

El BCE sube los tipos al 2,25 % para combatir la inflación sin estrangular el crecimiento

El BCE sube los tipos al 2,25 % para combatir la inflación sin estrangular el crecimiento

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Matilde Mas, Catedrática de Análisis Económico, Universitat de València

Andrzej Rostek/Shutterstock

La reciente decisión del Banco Central Europeo (BCE) de elevar los tipos de interés del 2 al 2,25 % ha reabierto un debate recurrente en política económica: hasta qué punto es eficaz la política monetaria cuando la inflación no surge de un exceso de demanda sino de un shock de oferta.

En este caso, el cierre del estrecho de Ormuz estranguló la oferta de petróleo y sus derivados, alterando sus precios y generando incertidumbre en los mercados globales. Y, aunque Estados Unidos e Irán acaban de alcanzar un acuerdo para firmar la paz que permite pensar en la regularización del paso por el Estrecho, pasará tiempo antes de que se regularice la extracción, producción y distribución de productos hidrocarburíferos provenientes de los países del golfo Pérsico.

Estamos ante un ‘shock’ de oferta

El BCE tiene un mandato claro de estabilidad de precios, y una inflación persistente por encima del objetivo del 2% puede poner en riesgo su credibilidad. Cuando el origen del problema está en el encarecimiento de la energía o de otras materias primas, la subida de tipos no corrige la causa, pero sí puede limitar su propagación al conjunto de la economía.

El riesgo es que una política monetaria demasiado restrictiva reduzca la inflación al coste de una desaceleración económica más intensa de lo necesario.




Leer más:
Los efectos en la economía personal de las decisiones de los bancos centrales: ¿por qué los tipos de interés importan?


La lógica de la medida es conocida: un aumento de los tipos encarece el crédito, reduce el consumo y la inversión, y, con ello, modera la demanda agregada. Menor demanda implica menor capacidad de las empresas para trasladar los aumentos de costes a los precios finales, lo que ayuda a contener la inflación.

Este instrumento se diseñó, principalmente, para combatir la inflación de
demanda. Cuando el detonante es un shock energético o una interrupción de
las cadenas de suministro, subir los tipos no elimina la causa del shock, pero sí
puede reducir la intensidad y duración de sus efectos sobre los precios

Los defensores de la subida de tipos argumentan que el BCE no puede permanecer pasivo ante un repunte inflacionario. La historia económica muestra que las autoridades monetarias que reaccionan tarde corren el riesgo de permitir que un shock temporal se convierta en inflación persistente.

El principal peligro no es el aumento inicial de los precios energéticos, sino los
llamados efectos de segunda ronda: trabajadores que exigen mayores salarios para compensar la pérdida de poder adquisitivo y empresas que ajustan precios para proteger márgenes. Una vez iniciado ese proceso, la inflación puede volverse más difícil de controlar.

Reducir las expectativas

La subida de tipos no responde solo al shock de costes, sino también a la necesidad de evitar que hogares y empresas incorporen tasas elevadas de inflación a sus expectativas. Y aquí entra un elemento clave: las expectativas.

Los mercados financieros no reaccionan únicamente a los tipos actuales, sino a los tipos futuros esperados. El valor del euro frente al dólar depende menos del nivel presente de los tipos que de su trayectoria futura. Una subida de tipos puede incluso debilitar una moneda si los inversores la consideran insuficiente frente a lo esperado.

En cambio, un movimiento más agresivo de lo anticipado puede fortalecerla. Por tanto, aunque el BCE no aumente la oferta física de energía, el fortalecimiento del euro sí puede reducir parcialmente el precio en euros de los bienes importados, aunque su impacto será seguramente limitado.

En la práctica, la política monetaria moderna es tanto gestión de expectativas
como gestión de tipos. Las ruedas de prensa, los mensajes del banco central y
la orientación futura
(forward guidance) pueden tener tanto impacto como la propia decisión de tipos. Sin embargo, reconocer el papel de las expectativas no elimina el dilema de fondo.

Amortiguar el efecto

Ante un shock de oferta, existen otras herramientas que pueden complementar parcialmente la política monetaria. Por ejemplo, políticas energéticas como diversificar proveedores, aumentar reservas estratégicas o acelerar inversiones en infraestructuras pueden actuar sobre la raíz del problema. También las ayudas focalizadas a hogares vulnerables pueden amortiguar el impacto social sin estimular en exceso la demanda.

Otra opción son los pactos de rentas, que buscan repartir el coste del shock entre trabajadores, empresas y administraciones públicas, evitando una espiral salarios-precios. Aunque políticamente complejos, pueden ser más eficaces que depender exclusivamente de los tipos de interés.

Asimismo, las reformas que aumentan la capacidad productiva –más competencia, menos fricciones regulatorias, inversión en infraestructuras– ayudan a reducir cuellos de botella y a mejorar la resiliencia frente a futuros shocks de oferta.

El problema es que estas medidas suelen ser lentas. La política monetaria, en cambio, puede aplicarse con rapidez y dispone de mecanismos institucionales ya establecidos.

Menor poder adquisitivo

El verdadero debate no enfrenta a quienes quieren combatir la inflación y quienes priorizan el crecimiento. La cuestión es cómo gestionar un shock externo que, inevitablemente, reduce el poder adquisitivo real de la economía.

Cuando sube el precio de la energía, ese coste debe ser absorbido por alguien:
consumidores, empresas o el sector público. Ninguna política puede eliminar
esa realidad.




Leer más:
Con la inflación, muchos pierden mucho (y algunos ganan)


En este contexto, la actuación del BCE puede interpretarse como un intento de
preservar su credibilidad antiinflacionaria y evitar que una perturbación temporal
se convierta en inflación persistente.

Pero también implica aceptar el riesgo de enfriar una economía europea ya débil. Cuando la inflación nace de una escasez real y no de un exceso de gasto, los bancos centrales pueden contener sus consecuencias, pero difícilmente eliminar su causa.

The Conversation

Matilde Mas no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El BCE sube los tipos al 2,25 % para combatir la inflación sin estrangular el crecimiento – https://theconversation.com/el-bce-sube-los-tipos-al-2-25-para-combatir-la-inflacion-sin-estrangular-el-crecimiento-285181

MIL OSI – Global Reports