Source: The Conversation – (in Spanish) – By Beatriz Carpallo Porcar, Fisioterapeuta. Personal docente e investigador en el grado de Fisioterapia en la Universidad San Jorge. Miembro del grupo de investigación iPhysio., Universidad San Jorge
Se estima que entre el 80 % y el 98 % de la población femenina presenta algún grado de celulitis, una alteración básicamente estética, a lo largo de su vida. Sin embargo, el 40 % de las mujeres padecen patologías que pueden atribuir por error a la famosa “piel de naranja”: el linfedema y el lipedema. Conocerlas bien, y saber distinguirlas, permite identificar señales de alerta y buscar ayuda profesional cuando sea preciso.
1. Celulitis
La celulitis (también llamada lipodistrofia ginecoide) surge a partir de la menstruación y se caracteriza por un cambio en la estructura del tejido graso. Desencadenada por factores hormonales, vasculares, metabólicos y mecánicos, la causa principal suele ser el aumento de los estrógenos, que influye en la organización del tejido adiposo y genera nódulos grasos (adipocitos) más grandes.
El aumento de los adipocitos produce una ralentización de la microcirculación de la sangre, ya que los nódulos comprimen pequeños vasos sanguíneos. Y este problema hace a su vez que se incremente el líquido acumulado en las zonas afectadas por la celulitis. Por esa razón, las zonas más grasas, como las caderas o el abdomen, se notan más frías al tacto.
¿Y por qué aparece la “piel de naranja” con mucha más frecuencia en las mujeres? La respuesta está en cómo se estructura el tejido bajo la piel. Unas bandas de tejido fibroso llamadas septos conectan la piel superficial –como si fueran cuerdas– con estructuras más profundas del cuerpo. En las mujeres están colocados de forma vertical, mientras que en los hombres se disponen de forma oblicua o cruzada. Cuando los adipocitos aumentan de tamaño y esos tabiques fibrosos se vuelven más rígidos o pierden elasticidad con el paso del tiempo, tiran de la piel hacia abajo, mientras que la grasa empuja hacia arriba.
Esta fuerza combinada genera el aspecto irregular de la celulitis, con sus característicos “hoyuelos”. En el caso de los hombres, al estar los septos orientados en diferentes direcciones, la tracción se distribuye mejor y la superficie de la piel se mantiene más uniforme.
El estrés, el sedentarismo, el tabaco o tomar anticonceptivos son factores que afectan a la severidad de la celulitis. Sin embargo, a pesar de sus efectos visibles, no produce hinchazón progresiva de las piernas, ni afecta al sistema linfático, ni genera complicaciones clínicas relevantes, más allá del impacto estético o emocional. En suma, no es una enfermedad.
2. Linfedema
Por contra, el linfedema es una dolencia crónica del sistema linfático que puede afectar a la movilidad y la calidad de vida. Se caracteriza por la acumulación de líquido –generalmente en las piernas–, debido a un fallo del sistema corporal de drenaje.
Algunos linfedemas aparecen por alteraciones en el desarrollo del sistema linfático (linfedema primario), aunque son los menos frecuentes. Lo más habitual es que surjan a consecuencia de otros procesos, como la extirpación de ganglios linfáticos en cirugías oncológicas –por ejemplo, en pacientes de cáncer de mama– o tras recibir radioterapia. La obesidad y algunas infecciones también pueden desencadenarlo.
El linfedema, que suele ser progresivo, produce sensación de pesadez, tirantez y, en ocasiones, dolor. Es frecuente notar un aumento del volumen de la extremidad, que puede manifestarse de forma visible al final del día. Un signo típico es la marca profunda que dejan los calcetines o ciertas prendas en la piel, indicando que hay acumulación de líquido.
He aquí otras diferencias con la “piel de naranja”:
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Mientras que la piel celulítica puede pellizcarse con facilidad, con linfedema se vuelve tensa y cuesta coger un pliegue (el llamado signo de Stemmer).
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La celulitis rara vez provoca dolor o pesadez, mientras que el linfedema suele acompañarse de tensión, pesadez y molestias.
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En la celulitis no hay edema, mientras que el linfedema sí provoca una acumulación de líquido que empeora con el tiempo.
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La celulitis suele afectar a ambas piernas, mientras que el linfedema a menudo solo se manifiesta en uno de los miembros.
3. Lipedema
El lipedema es una condición que muchas mujeres –prácticamente solo afecta a la población femenina– sufren sin saberlo. A simple vista puede parecer “celulitis fuerte”, “piernas anchas” o “retención de líquidos”, pero en realidad se trata de un trastorno del tejido graso que hace que las piernas (y a veces los brazos) acumulen grasa de forma simétrica, dolorosa y desproporcionada, incluso manteniendo una vida activa y una alimentación cuidada.
Su causa exacta no se conoce por completo, pero sabemos que intervienen factores hormonales, genéticos e inflamatorios. Suele aparecer o empeorar en momentos de cambios hormonales, como la pubertad, el embarazo o la menopausia.
En cuanto a los síntomas, las afectadas describen una sensación muy reconocible: dolor en las piernas al tocarlas, moretones que “aparecen porque sí” y persistencia en el incremento de volumen de las piernas aunque el resto del cuerpo adelgace.
Muchas mujeres lo confunden con la celulitis, pero “la piel de naranja” no duele, no genera hematomas y no hace que las piernas engrosen de forma llamativa. Con el linfedema las diferencias son aún más claras: este suele afectar solo a una pierna, progresa con los años y la piel se vuelve tensa y dura.

En manos de la fisioterapia
La fisioterapia juega un papel esencial para tratar tanto el linfedema como el lipedema, ya que trabaja directamente sobre el tejido, la circulación y el movimiento, tres pilares que ambas condiciones alteran con el tiempo.
Para manejar el linfedema se aplica la llamada terapia descongestiva compleja, que combina drenaje linfático manual, vendajes multicapa, prendas de compresión, ejercicios específicos y cuidados de la piel.
Esta estrategia reduce el volumen del edema, mejora la función de los vasos linfáticos y disminuye la fibrosis del tejido. El drenaje manual es especialmente útil porque estimula las zonas sanas del sistema linfático para que “recojan el trabajo” de las áreas dañadas. Por su parte, los ejercicios suaves favorecen la acción de la llamada “bomba muscular”, que es el motor natural del retorno linfático.
En el lipedema, el objetivo es diferente: aquí se busca disminuir el dolor, mejorar la movilidad, reducir la sensación de pesadez y frenar la progresión del edema secundario, que puede aparecer en fases avanzadas. Como esta afección presenta cambios en la grasa, el agua extracelular y los vasos sanguíneos pequeños, técnicas como el drenaje linfático, la compresión adaptada y el ejercicio de baja carga contribuyen a controlar los síntomas. Los profesionales también enseñan a las pacientes estrategias de autocuidado, como ejercicios diarios, pautas de movimiento y recomendaciones para disminuir la inflamación.
En ambos trastornos, la fisioterapia ofrece algo que ningún otro tratamiento puede proporcionar: herramientas para recuperar autonomía, reducir molestias y sentir de nuevo que el cuerpo responde. Y, sobre todo, ayuda a que las mujeres entiendan que no están “hinchadas” porque sí, sino que su tejido necesita cuidados que realmente pueden marcar la diferencia.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. Linfedema y lipedema: en qué se diferencian de la celulitis y cómo pueden ser tratados – https://theconversation.com/linfedema-y-lipedema-en-que-se-diferencian-de-la-celulitis-y-como-pueden-ser-tratados-277571
