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El riesgo de consumir suplementos de omega-3 sin prescripción médica

El riesgo de consumir suplementos de omega-3 sin prescripción médica

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Ana Belén Ropero Lara, Profesora Titular de Nutrición y Bromatología – Directora del proyecto BADALI, web de Nutrición. Instituto de Bioingeniería, Universidad Miguel Hernández

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En un momento en el que comer de forma saludable parece misión imposible, los suplementos se presentan como la solución fácil y accesible. En especial los de omega 3, que últimamente están de moda. La pregunta es siempre la misma: ¿sirven realmente para algo?

Actualmente existen dos tipos de productos en el mercado elaborados a base de ácidos grasos omega 3. Por un lado, contamos con cuatro medicamentos autorizados por la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios. Por otro, existe una gran variedad de suplementos (el nombre legal correcto es “complementos alimenticios”). En muchas ocasiones, contienen cantidades de omega 3 similares a las de los medicamentos.

Los suplementos no requieren autorización de ninguna agencia del medicamento, ni española ni europea. Tampoco requieren prescripción médica, ni seguimiento clínico. Por ley, su etiquetado no puede afirmar que tienen ningún efecto terapéutico. Sin embargo, en la práctica no es difícil encontrar en las webs que los venden todo tipo de beneficios anunciados. Y ahí terminan las diferencias con los medicamentos.

Antes de profundizar en esta paradoja, conviene conocer un poco de historia.

Pescado azul, ¿sí o no?

El cambio en las recomendaciones sobre el consumo de pescado se debe, en gran parte, a los ácidos grasos omega-3. Hace unas décadas se aconsejaba priorizar el pescado blanco frente al azul. La razón era sencilla: el azul contiene más grasa. Hoy, en cambio, se recomienda tomar al menos una ración de pescado azul a la semana. Eso sí, hay que moderar la ingesta de las especies que acumulan mercurio, como el pez espada y el atún rojo.

Conviene recordar que la nutrición es una ciencia viva. Avanza al ritmo de la investigación que se lleva a cabo en todo el mundo. Las recomendaciones alimentarias se basan siempre en la evidencia disponible en cada momento. Por eso, durante décadas, el paradigma dominante fue sencillo: “cualquier grasa es mala”.

Ese paradigma empezó a resquebrajarse en los años 70, cuando se publicaron varios estudios sobre la población inuit de Groenlandia que lo ponían en duda. Estos trabajos relacionaban unos ácidos grasos muy concretos con un menor riesgo de enfermedad cardiovascular. Esos ácidos grasos están presentes en el pescado y, en menor medida, en el marisco.

Nos referimos al EPA y el DHA. No son los únicos omega-3 que existen: los aceites vegetales y los frutos secos como la nuez aportan otro, el ALA. A partir de él, nuestro organismo puede fabricar EPA y DHA. Sin embargo, lo hace de forma tan poco eficiente que es fundamental asegurarnos de obtener EPA y DHA directamente de la dieta.

No es lo mismo suplemento que medicamento

Los estudios realizados en los últimos años han conducido a la autorización, en España, de cuatro medicamentos cuyo principio activo son ácidos grasos omega 3. Tres de ellos combinan EPA y DHA y se prescriben para reducir los niveles de triglicéridos en sangre (números de registro 76981, 79347 y 65476). El cuarto contiene únicamente EPA y se emplea para reducir el riesgo de eventos cardiovasculares (número de registro 1201524001).

La dosis recomendada de estos medicamentos es considerablemente más alta que la ingesta diaria habitual de EPA y DHA. Entre sus efectos secundarios más frecuentes destaca la fibrilación auricular, un ritmo cardíaco irregular que aumenta el riesgo de problemas cardiovasculares y cerebrales. También pueden causar trastornos gastrointestinales y un mayor tiempo de sangrado.

Omega 3 contra la depresión: ¿qué hay de cierto?

Los omega 3 también se estudian en el campo de la salud mental. Todo empezó en 1998. Ese año, un equipo internacional de investigadores observó que los países con mayor consumo de pescado presentaban menor incidencia de depresión mayor.

Sin embargo, los ensayos posteriores diseñados para prevenir la depresión mediante suplementos en la población general no han dado resultados positivos.

En cuanto a su uso como tratamiento, todavía no hay evidencia suficiente para determinar con claridad su eficacia frente a la depresión mayor. Los resultados sugieren que podrían ayudar, pero el efecto depende de muchos factores (como sexo, situación fisiológica, edad, dosis y uso, tipo de omega 3 empleado o duración del tratamiento), lo que dificulta sacar conclusiones generales.

Otro campo de investigación activo es el deterioro cognitivo y la demencia. Solo unos pocos ensayos muestran efectos positivos de los suplementos de omega 3 en adultos sanos. Tampoco se han observado beneficios en adultos con riesgo de demencia y bajo consumo previo de omega 3.

Los suplementos de EPA y DHA se estudian, además, en muchos otros contextos. Entre ellos están la inflamación, el embarazo, la lactancia, la infancia, el dolor crónico o el síndrome metabólico. En estos casos, los resultados tampoco son concluyentes por el momento.

El peligro que consumir suplementos a nuestro aire

Los suplementos siempre generan cierta incertidumbre. En el caso de los omega-3, la situación se complica. No olvidemos que conviven en el mercado medicamentos y suplementos con el mismo principio activo. Si un suplemento contiene poca cantidad de omega-3, probablemente no tenga ningún efecto real y su compra será, simplemente, una inversión perdida.

Pero los suplementos con cantidades más altas, similares a las de los medicamentos, pueden compartir también sus mismos efectos secundarios. Estos efectos, en su caso, no figuran en ningún prospecto. No hay ningún profesional sanitario haciendo seguimiento de su consumo, y ni siquiera es habitual que se comunique al médico que se están tomando.

Medio siglo después de que un grupo de investigadores descubriera el valor de los omega-3 en la sangre de los inuit de Groenlandia, la mejor forma de aprovecharlos sigue siendo la más natural: comer pescado azul con regularidad. Recurrir a un suplemento, en cambio, puede acarrear los mismos efectos secundarios que un medicamento, pero sin el seguimiento médico que estos requieren.

The Conversation

Ana Belén Ropero Lara no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

ref. El riesgo de consumir suplementos de omega-3 sin prescripción médica – https://theconversation.com/el-riesgo-de-consumir-suplementos-de-omega-3-sin-prescripcion-medica-286454

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