Source: The Conversation – (in Spanish) – By Nadina Gómez Merino, Profesora Ayudante Doctor. Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación. Miembro de ERI-Lectura, Universitat de València, Universitat de València
“No lo entiendo”. “No lo pillo”. “Estoy cansado”. Son frases que suelen escucharse a niños y niñas con dislexia, un trastorno del desarrollo que afecta a la capacidad de leer.
Estos niños necesitan más tiempo y más oportunidades de formación (practicar más la lectura) para alcanzar un nivel de lectura similar al de sus compañeros sin dislexia y, por esta razón, pueden verse atrapados en un círculo vicioso: les cuesta leer, esto les angustia y, como resultado, evitan la lectura y se pierden los beneficios que un libro puede aportarles.
Letras, sonido y cerebro
La dislexia puede manifestarse de diversas formas. A veces consiste en una dificultad para reconocer palabras familiares, ya almacenadas en el cerebro: es el caso de la dislexia superficial. En este caso, lo más característico es que quien la padece lea a una velocidad más lenta.
Cuando el síntoma más destacable es leer más despacio palabras desconocidas o confundirlas con otras, se denomina dislexia fonológica. Afecta al proceso de reconocer cada letra y relacionarla con el sonido que representa, algo que se conoce como “decodificación”. Quienes padecen este tipo de dislexia tienen muchas dificultades para ampliar su vocabulario a través de la lectura.
Dislexia y comprensión lectora
Cuando leemos para comprender un texto ponemos en marcha varios mecanismos. Por ejemplo, activamos herramientas de control que nos llevan a releer una frase que no hemos entendido o a deducir por contexto palabras que no conocíamos. Pero estos mecanismos y muchos otros más no pueden funcionar de manera eficiente si el cerebro está saturado con otros mecanismos como la decodificación, en el caso de las personas con dislexia.
Podríamos comparar esta situación con hacer malabares: cuando tenemos buena habilidad podemos jugar con muchas pelotas sin que ninguna caiga, pero en cuanto nos pasan una de mayor tamaño que no controlamos puede que tengamos que jugar con menos pelotas para mantener esa al vuelo.
Si quitamos la decodificación de la ecuación, quitamos esa pelota grande a la persona con dislexia y le permitimos disfrutar de otros beneficios que generalmente suelen acompañar más a los textos escritos que al habla. Por ejemplo, escuchar oraciones más complejas o vocabulario nuevo.
Una mejor comprensión de lo que ‘entra’ por el oído
Cuando escuchamos un audiolibro, ponemos en práctica la comprensión auditiva sin necesidad de decodificación. El esfuerzo mental se enfoca en la comprensión del lenguaje.
Sin la presión de decodificar símbolos escritos, la persona con dislexia puede disfrutar más escuchando el texto y centrarse en el contenido, lo que le ayudará a mejorar su vocabulario. Por tanto, la llegada de los audiolibros podría representar un nuevo paradigma de intervención para las personas con dislexia fonológica, ya que podrían ofrecer una nueva forma de experimentar la lectura a través de la comprensión auditiva.
Los audiolibros: aliados de la comprensión lectora
Los estudiantes con dislexia comprenden mejor cuando el contenido se presenta mediante audio o mediante sistemas de texto a voz, especialmente cuando el objetivo es aprender una materia y no evaluar la capacidad de leer.
Además, implicarse en la escucha puede ayudar a mejorar su confianza y motivación para leer. Si se combina la lectura con la escucha, es decir, se lee el mismo texto que se está escuchando, podemos facilitar la comprensión y la memorización del material de estudio.
Romper el círculo vicioso
Dado que los audiolibros ya forman parte de nuestra vida cotidiana, tiene sentido aprovechar sus ventajas. La ventaja más importante que ofrecen es su potencial para romper el círculo vicioso que experimentan las personas con dislexia fonológica, reduciendo la angustia asociada a la lectura. Además, ayudan a mejorar la atención y la capacidad de escucha.
Otras estrategias pueden ser la lectura en voz alta: para un niño o niña con dislexia, escuchar a un adulto o compañero leer en voz alta le permite atender al contenido y modelar la lectura.
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Diferencias con la lectura
Conviene especificar aquí que, aunque tanto leyendo como escuchando utilizamos la memoria y la atención, no podemos decir que escuchar un libro sea equiparable a leerlo. El lector puede retroceder, releer y repasar si no ha entendido una frase o una palabra; es decir, mantiene una actitud activa hacia la comprensión. En cambio, cuando escuchamos un texto la actitud que adoptamos es más pasiva. Para el aprendizaje, es preferible una actitud activa.
Pero sin ser exactamente lo mismo que leer, escuchar historias puede ser una manera de disfrutar de muchos beneficios sin asociar los libros a un esfuerzo excesivo o una sensación de fracaso. Los audiolibros ofrecen una puerta de entrada más accesible a la literatura para los niños y niñas con dislexia, permitiéndoles disfrutar sin las barreras que el texto escrito puede imponer.
En definitiva, el consenso actual es que los audiolibros son una herramienta de accesibilidad muy valiosa para las personas con dislexia. Facilitan el aprendizaje, la comprensión y el gusto por la lectura, pero no sustituyen la intervención dirigida a desarrollar las habilidades lectoras. La combinación de enseñanza especializada, práctica de lectura y apoyo mediante audiolibros podría ofrecer buenos resultados.
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Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.
– ref. ¿Cómo pueden los audiolibros ayudar a los niños y niñas con dislexia? – https://theconversation.com/como-pueden-los-audiolibros-ayudar-a-los-ninos-y-ninas-con-dislexia-285452

