Source: The Conversation – (in Spanish) – By Eva Catalán, Editora de Educación, The Conversation

¿Es mejor leer 30 libros al año, o solamente cinco? Qué pregunta tan absurda. Como todo, se dirán, depende: depende del contenido y la complejidad de los libros, del disfrute que obtengamos de ellos y de lo que nos aporten a largo plazo, es decir, del poso que dejen.
Cantidad no es calidad en casi nada, y mucho menos en lectura. Por eso puede ocurrir, como explicaba recientemente la psicopedagoga Sylvie Pérez Lima, que leamos muchos libros sin que nuestra capacidad de comprensión lectora se vea necesariamente mejorada. Porque cuando leemos, existen dos niveles de comprensión. El inmediato, que depende de la agilidad de nuestra mecánica lectora (es decir, de lo rápido que nuestro cerebro procese las letras, las palabras, las frases, y el significado directo que tienen); y el profundo. Este segundo nivel es el que nos permite interpretar, comparar, entender arcos narrativos, desarrollos de personajes o argumentos lógicos; el que nos ayuda a percibir una intención, un sesgo o una contradicción. En definitiva, el que no nos deja igual de como estábamos antes y permite desarrollar el pensamiento crítico.
¿Cómo se consigue mejorar la comprensión lectora? El primer escalón es dominar la mecánica, y conseguir que la lectura fluya de manera ágil y sencilla. Esto sí se consigue practicando mucho, leyendo mucho. Por eso en los primeros años a los niños se les anima a adquirir el hábito de la lectura eligiendo los temas y estilos que más les entusiasmen, sean los que sean. Pero los siguientes escalones no son tan automáticos, como deja en evidencia el reciente informe PISA y como se observa, a menudo, cuando se corrigen exámenes (¿qué profesor no se ha lamentado alguna vez de que sus alumnos no han leído “bien” la pregunta?). Lo importante no es solo cuánto lee un niño o un adolescente (¡o un adulto!), sino también qué es capaz de hacer con lo que lee.
La comprensión lectora se enseña y practica en la escuela con estrategias específicas; lo curioso es que no son las tradicionales preguntas sobre un texto que casi todos hemos tenido que responder en clase. Precisamente, esa obsesión por “examinarles” después de una lectura puede ser contraproducente.
También deberíamos animarles a leer diferentes tipos de libros, no solo los que les fascinan. Porque como dice la profesora Pérez Lima, “cuanta más experiencia lectora acumulamos sobre determinado estilo de escritura, menos esfuerzo cognitivo supone descifrarlo, más predecible será la tarea para nosotros, y menos esfuerzo de comprensión estaremos haciendo”. Devorar novelas románticas o de ciencia ficción es genial; pero para alcanzar una comprensión lectora completa es necesario salir de la zona de confort.
Se trata de un asunto que va mucho más allá del aula. La comprensión lectora es fundamental para siempre, no solo durante la etapa académica y para el aprendizaje, sino para ser un ciudadano con plenos derechos y capacidad de decisión. La vida digital nos empuja a todos (jóvenes y mayores) a leer mucho, en pantalla, y muy deprisa, y a menudo nos hace priorizar la cantidad en detrimento de la calidad. Lo difícil es leer “despacio”, de manera más profunda, asimilando y dejando las ideas madurar.
Ojalá esta selección de artículos les inspiren a leer de esta manera.
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– ref. La selección: ¿leer mucho o leer mejor? – https://theconversation.com/la-seleccion-leer-mucho-o-leer-mejor-292382
