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Ropa destinada al vertedero: la industria textil en la era de la moda rápida

Ropa destinada al vertedero: la industria textil en la era de la moda rápida

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Roberto Rosal, Catedrático de Ingeniería Química, Universidad de Alcalá

Sundry Photography/Shutterstock

La producción mundial de fibras alcanzó los 1 132 millones de toneladas (Mt) en 2024 y continúa creciendo. Las fibras son materias primas que se hilan y tejen para fabricar ropa, calzado, textiles del hogar y productos industriales. El sector de la moda y la confección representa unos 70 Mt. El resto tiene diferentes usos: refuerzos de neumáticos, medicina, construcción o agricultura.

Las fibras sintéticas de origen fósil dominan el mercado, con más de dos tercios de la producción, principalmente poliéster. Luego, una cuarta parte aproximadamente lo ocupan las fibras vegetales, como el algodón. Además, hay fibras artificiales, como la viscosa, y, en menor medida, animales, como la lana.

Cada año se generan unos 92 Mt de residuos textiles, pero podrían alcanzar los 148 Mt en 2030. Solo una pequeña parte se recicla mediante procesos de ciclo abierto (downcycling), transformándose en materiales de menor valor (aislantes o rellenos). Del resto, 25 Mt anuales corresponden a residuos mal gestionados que terminan en vertederos o se queman a cielo abierto. Es decir, el flujo del sector textil es predominantemente lineal porque el reciclaje de ciclo cerrado, de fibra a fibra, casi no existe.

Esquema del ciclo de vida de los textiles
Ciclo de vida de los textiles.
Los autores

Por qué es tan difícil reciclar los textiles

El reciclaje de fibra a fibra presenta dificultades técnicas y económicas. Las primeras son importantes: pocas prendas están fabricadas con un único material y separar estos componentes es complejo y costoso, aunque ocupen una parte pequeña de la prenda. La mezcla más habitual es el polialgodón, en proporción 65/35. También son frecuentes las mezclas con elastano, un poliuretano que aporta elasticidad y durabilidad.

A esto se suma la gran variedad de sustancias químicas que tienen las prendas, como tintes, fijadores de color, blanqueadores, suavizantes y biocidas. Son compuestos que interfieren en los procesos necesarios para recuperar las fibras; degradan la calidad del hilo y obligan a descartar esa parte del tejido.

El método también importa. El reciclaje mecánico está más desarrollado, pero acorta las fibras y disminuye la calidad. Mientras que el reciclaje químico, que mantendría cierta calidad original, se encuentra en una fase inicial de desarrollo.

Además, los elementos ajenos, como cremalleras, botones, etiquetas o acabados impermeabilizantes, deben retirarse antes. Por último, la clasificación de la ropa usada sigue siendo manual y, sobre todo, cuesta más que la elección de materias primas vírgenes.

La moda de usar y tirar

Desde hace unos años, el modelo de la industria textil ha evolucionado, elevando la frecuencia de rotación y bajando los precios y la calidad. Este cambio responde a una optimización industrial orientada al consumo masivo y rápido. Además, se impulsa por la deslocalización de la producción hacia países con mano de obra barata y el uso creciente de materiales sintéticos.

Gráfico que muestra que a mayor volumen de producción, mayor rotación de colecciones en la moda ultrarrápida
Gráfico que ilustra la correlación directa entre el aumento del volumen de fabricación y la velocidad de rotación de colecciones, marcando el cambio de paradigma desde una confección bajo demanda (artesanal) hacia un modelo de producción continua (moda ultrarrápida). Las marcas se incluyen como simple referencia informativa.
Los autores

Al respecto, resulta bastante ilustrativo el actual negocio de la moda, donde las colecciones y el volumen de fabricación rotan velozmente. Esta moda ultrarrápida (ultra fast fashion) lleva el proceso al extremo, con prendas de calidad mínima y obsolescencia estética intencionada. La logística y el análisis algorítmico de las redes sociales permiten lanzar microcolecciones semanales (o incluso diarias), y las marcas lo hacen al ritmo de las tendencias. Al final, la ropa se convierte en un producto de consumo rápidamente desechable.

Como consecuencia, muchas prendas se descartan después de utilizarse pocas veces, no solo por exigencia de las tendencias de moda, sino también porque su vida útil es reducida debido a la poca consistencia de los tejidos, a la confección deficiente y al desgaste acelerado, lo que dificulta además su reutilización.

La segunda mano es una alternativa para la ropa que no queremos, pero su peso es limitado ya que solo las prendas de mayor calidad y en buen estado encuentran comprador. En este sentido, según la Agencia Europea de Medio Ambiente, los textiles reutilizados representan tan solo un 10 % del consumo total en la Unión Europea. Una gran parte de los 19 kg por persona y año de ropa, calzado y textiles del hogar que se consumen en Europa tienen una calidad baja y, por tanto, una vida útil muy reducida.




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El problema se agrava con el envío de esa ropa usada al sur global (casi un millón de toneladas anuales). Con bajas posibilidades de reutilización, estos envíos solo contribuyen a incrementar montañas de residuos, como las del desierto de Atacama (Chile) o en los vertederos de Ghana, en África. Es decir, la supuesta donación solo tiene un efecto: redistribuye basura (y problemas) hacia países con menor capacidad de gestión. Son las consecuencias ambientales y sociales de un modelo de consumo lineal.

El cambio de paradigma legal

La magnitud de ese impacto ambiental y social ha impulsado un cambio normativo en la Unión Europea. La Estrategia para los Textiles Sostenibles (2022) y el Reglamento (UE) 2024/1781 de ecodiseño para productos sostenibles trasladan progresivamente la responsabilidad hacia los productores. Entre sus medidas destaca la prohibición de destruir excedentes textiles, aplicable a las grandes empresas desde julio de 2026.

Por su parte, la Directiva (UE) 2025/1892 sobre residuos establece la recogida separada de textiles y refuerza la responsabilidad ampliada del productor (RAP), que obliga a las marcas a financiar la gestión de los residuos derivados de los productos que comercializan.

En España, la Ley 7/2022 prevé la creación de un sistema específico de RAP textil y obliga a los municipios a implantar su recogida separada. Su desarrollo reglamentario continúa pendiente, pero el sector textil español se ha anticipado creando su Sistema Colectivo de Responsabilidad Ampliada del Productor (SCRAP), conocido como RE-VISTE.

Hacia una moda circular y consciente

Hoy, la ropa, convertida en un producto efímero, representa uno de los ejemplos más extremos de economía lineal: extraer, fabricar, usar y tirar. Ante esto, el esfuerzo del legislador no es suficiente. Los modelos empresariales tienen que cambiar hacia una moda circular, transformando las cadenas de suministro. Pero también es conveniente invertir en investigación del reciclaje y, por supuesto, cambiar nuestra relación con la ropa que consumimos. Necesitamos menos, pero mejor.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Ropa destinada al vertedero: la industria textil en la era de la moda rápida – https://theconversation.com/ropa-destinada-al-vertedero-la-industria-textil-en-la-era-de-la-moda-rapida-292322

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