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Cómo prevenir y comunicar las emergencias en entornos escolares

Cómo prevenir y comunicar las emergencias en entornos escolares

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Álvaro-Francisco Morote, Profesor Titular. Departamento de Didáctica de las Ciencias Experimentales y Sociales, Universitat de València

“Se ha activado el Plan de Emergencias”. Durante los últimos años, cada vez estamos más acostumbrados a leer o escuchar esta frase. Docentes, responsables de centros escolares, padres, madres, tutores y hasta el alumnado de todas las edades. Pero ¿qué quiere decir esta frase y qué tiene que hacer realmente cada persona ante esa situación?

Dicho mensaje puede ser una información correcta y, sin embargo, insuficiente para una escuela o centro docente, porque no indica si es necesario permanecer dentro, salir o suspender el transporte. Desde la dana que afectó a València en 2024, la ciencia ha trabajado para estructurar cómo actuar y qué hacer en estas situaciones de riesgo. Los centros docentes, unos de los principales afectados por la cantidad y diversidad de personas implicadas, deben estar en el foco de los medios de comunicación, la Administración y la ciencia.

En este sentido, en 2025 se llevó adelante un estudio sobre la dana de Valencia que destaca la necesidad de conectar el conocimiento científico, los avisos y la formación ciudadana. Principalmente, exige convertir la información sobre el peligro en decisiones comprensibles, sin confundir una alerta con una orden de evacuación.

Formarse en el territorio local para decidir y comunicar

El marco internacional de seguridad escolar de la Alianza Mundial para la Reducción del Riesgo de Desastres y la Resiliencia en el Sector Educativo (GADRRRES, por sus siglas en inglés, 2022) combina instalaciones seguras, gestión de emergencias y educación preventiva. Esta perspectiva requiere formación inicial y continuada en interpretación de avisos, evacuación y confinamiento, primeros auxilios, apoyo emocional y comunicación accesible, pero también recursos para aplicarla. Por tanto, el profesorado, la dirección, la conserjería, el comedor y el transporte deben conocer quién decide, quién comprueba la presencia del alumnado y quién informa a las familias.

El conocimiento del territorio (entorno del alumnado) también importa. Para eso, otro estudio publicado en 2026 propone trabajar la comprensión del territorio mediante la identificación de barrancos, pasos inundables, recorridos escolares, etc., que permitan relacionar el riesgo con lugares conocidos. Los simulacros pueden incorporar estas situaciones y comprobar no solo cuánto se tarda, sino quién no ha entendido el mensaje o necesita ayuda.

Para cada riesgo, una respuesta diferente

Las actuaciones deben ajustarse al Plan del Centro y a las instrucciones de los servicios competentes. Por ejemplo, durante un terremoto, en el interior, hay que protegerse debajo de una mesa resistente, cubrirse la cabeza y alejarse de los cristales, sin correr hacia fuera mientras dure el temblor. Después, la evacuación debe realizarse según el plan y las indicaciones recibidas.

En cuanto a una inundación, una evacuación preventiva solo es adecuada si hay tiempo y recorridos seguros. Si el exterior ya está inundado, hay que evitar atravesar el agua y buscar protección en las zonas altas previstas, nunca en los sótanos, siempre que el edificio sea seguro. Asimismo, no se debe pedir a las familias que vengan a recoger al alumnado utilizando accesos peligrosos.

Ante una pandemia, las medidas dependen de la infección y de la evaluación sanitaria (no es necesario copiar automáticamente las de la covid). Por ejemplo, si la transmisión es respiratoria, la ventilación forma parte de la prevención. Y ante una posible intoxicación alimentaria colectiva hay que atender a las personas afectadas, contactar con los servicios sanitarios y de salud pública, registrar los síntomas y las horas de inicio, e informar a las familias sin atribuir una causa que todavía no haya sido confirmada. Las urgencias graves requieren llamar al 112.




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Explicarlo según la edad, sin esconder el riesgo

Los Centros para el Control i la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos explican que el estrés puede dificultar la atención y el recuerdo. Por eso, durante la emergencia conviene dar instrucciones breves, concretas y ordenadas, porque las explicaciones largas corresponden a la preparación o al momento posterior. “Extremen las precauciones” no indica una conducta, mientras que “aléjense de las ventanas” sí lo hace.

Por su parte, UNICEF recomienda información veraz adaptada a la edad y escuchar las preocupaciones.

En Educación Infantil, esto se puede traducir en una indicación cada vez, acompañada de gestos: “Ven conmigo; vamos con el grupo”. En Educación Primaria, se puede añadir una causa sencilla como “nos quedamos aquí porque en la calle hay agua”. En Educación Secundaria, Bachillerato y Formación Profesional, hay que explicar el motivo de las decisiones y enseñar a comprobar el emisor y la fecha de los avisos. Y en cuanto a la universidad y la formación de adultos, la claridad sigue siendo necesaria, sin infantilizar ni dar por conocido el protocolo.

Finalmente, hay que poner de manifiesto que la edad no es el único criterio, ya que se necesitan pictogramas, mensajes escritos y orales, traducciones y apoyos personales según las necesidades. Durante la preparación se puede comprobar la comprensión preguntando “muéstrame qué harías”, en lugar de conformarse con “¿lo has entendido?”. Cuando alguien tiene miedo, “entiendo que estés asustado; estoy aquí contigo” acompaña sin prometer que no pasará nada.

¿Qué nos ha enseñado la pandemia?

Algunos autores observaron en los Países Bajos pérdidas de aprendizaje durante el cierre escolar, mayores en familias con menor nivel educativo. La lección para la planificación es que la continuidad no se puede reducir a enviar actividades digitales. Los planes deben prever el contacto con las familias, alternativas sin conexión y acompañamiento, también cuando una inundación impide asistir a clase.

La comunicación también debe gestionar los cambios, indicando qué se sabe, qué continúa siendo incierto y por qué se modifica una medida. Así, reconocer los límites del conocimiento evita ofrecer garantías que la Administración o la escuela no pueden asegurar.

Una Administración que dé instrucciones utilizables

Educación, Salud Pública, Protección Civil y los ayuntamientos necesitan mensajes coordinados, no circulares contradictorias. Cada aviso debería identificar al emisor, la fecha y la hora, los centros afectados, la acción requerida, un contacto para incidencias y la próxima actualización, diferenciando las instrucciones para las direcciones de las destinadas a las familias. Igualmente, las alertas no deberían ser municipales; deben abarcar los territorios afectados independientemente de las fronteras municipales.

Un ejemplo hipotético para un centro con refugio interior seguro sería: “Organismo, fecha, 11 h., nombre del centro: hay accesos inundados. Mantengan al alumnado en las zonas seguras previstas en el plan. No autoricen salidas por los accesos inundados. Informen a las familias de que no se desplacen al centro. Actualizaremos las instrucciones a las 12 h. por el canal (nombre del canal). Incidencias: (teléfono)”.

Una misma versión debe llegar por diversos canales, con alternativas si falla la conexión. La dirección debe confirmar la recepción y comunicar cualquier impedimento para cumplir las instrucciones. También hay que explicar cómo se realizará el reencuentro seguro con las familias y, después, revisar las incidencias y las necesidades emocionales.

Por tanto, la calidad de la respuesta no se mide por el número de comunicados, sino por si las personas pueden entenderlos y actuar sin quedar excluidas.


Este artículo forma parte de una serie dedicada a comprender mejor los riesgos, las crisis y las emergencias, y el papel clave de la comunicación para afrontarlos. Es fruto de la colaboración con la Cátedra Universitat de Barcelona-Diputació de Barcelona sobre Comunicación clara aplicada a las Administraciones Públicas.


The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. Cómo prevenir y comunicar las emergencias en entornos escolares – https://theconversation.com/como-prevenir-y-comunicar-las-emergencias-en-entornos-escolares-293864

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