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¿Por qué no debería chupar el suelo de un hospital?

¿Por qué no debería chupar el suelo de un hospital?

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Laura Botello Morte, Doctora en Bioquímica y Profesora Titular de la Facultad de Ciencias de la Salud, Universidad San Jorge

ZeroBlur/Shutterstock

Todos hemos tomado alguna vez una decisión donde claramente sabíamos que íbamos a salir perdiendo: apurar esa última copa a las cinco de la mañana, aceptar el reto de probar algo exageradamente picante o montarnos en una atracción que nos aterroriza. La pregunta que da origen a este artículo surgió en una de esas conversaciones entre cervezas, a la salida de una reunión científica, con una curiosidad quizás mal orientada: ¿qué pasaría si chupáramos el suelo de un hospital?

Puede que ahora mismo esté poniendo cara de asco. Es comprensible. La idea recuerda aquel capítulo de Los Simpson en el que Bart decide lamer la barra del autobús para avergonzar a su familia. Pero más allá del rechazo instintivo, la pregunta es interesante. Nos lleva a plantearnos cuestiones como si encontraríamos un suelo completamente estéril. O si, independientemente de la esterilidad de la superficie, podríamos enfermar por ello.

Para responder, tendremos que seguir el rastro de los microorganismos y distinguir entre lo que la ciencia ha demostrado y lo que aún no sabemos con certeza, aunque pueda resultar inquietante.

Limpio no es lo mismo que libre de organismos

Cuando pensamos en un hospital, probablemente lo primero que nos viene a la mente es ese olor intenso y penetrante, que generalmente asociamos a limpieza. Sin embargo, que un lugar huela a limpio no significa que esté libre de microorganismos.

Los hospitales aplican estrictos protocolos de limpieza y, cuando corresponde, de desinfección, utilizando productos y procedimientos adaptados a cada superficie y nivel de riesgo. Pueden utilizar cloro, lejía o amonio cuaternario, e incluso tecnologías complementarias como luz ultravioleta o vapores de peróxido de hidrógeno en determinadas circunstancias.

Por tanto, si los hospitales se limpian de forma rigurosa, ¿por qué no deberíamos darle un lametón al suelo? Porque la limpieza de una superficie reduce la contaminación, pero no garantiza que permanezca libre de microorganismos. En cuestión de horas, esa superficie se puede volver a contaminar por el tránsito de personas, el calzado, los equipos médicos o incluso la falta de higiene de manos del personal.

Así, los suelos hospitalarios no son superficies estériles. Una revisión sistemática analizó 30 estudios sobre la transmisión de microorganismos desde suelos y otras superficies. Los autores revelaron que, en los suelos de los hospitales, había patógenos asociados a la asistencia sanitaria, entre ellos algunos resistentes a los antibióticos que provocan graves problemas en el sistema sanitario, como Staphylococcus aureus resistente a meticilina o bacterias gramnegativas multirresistentes.

La presencia de bacterias resistentes a los antibióticos añade otra dimensión al problema. Si uno de esos microorganismos resistentes infecta a una persona, puede causar una infección difícil de tratar. También aparecen microorganismos relacionados con infecciones nosocomiales (hospitalarias) como Clostridioides difficile y sus esporas, que pueden causar diarrea y colitis. Las esporas, además, pueden persistir durante largos periodos, y son extraordinariamente resistentes a numerosos desinfectantes. Por ello, sin productos especializados, ni el suelo más reluciente del mundo nos asegura su ausencia.

Pisando generamos aerosoles

El suelo también puede contribuir a diseminar estos microorganismos. Caminar sobre superficies contaminadas puede formar aerosoles que distribuyan las bacterias. Así mismo se pueden distribuir por contacto directo al tocar las superficies, a través de las suelas de los zapatos o ruedas de equipos médicos o, incluso, mediante vectores como las moscas.

Sin embargo, no basta con detectar que un patógeno esté presente en el suelo para causarnos infección. Primero, tiene que encontrar una vía de entrada al organismo. Si tocamos el suelo, pero luego nos lavamos las manos, podemos eliminarlo antes de que acceda a nuestro cuerpo. Pero ¿y si lamemos el suelo? Pues ahí entra en juego el tipo de patógeno y su virulencia, es decir, lo fácil que le resulte causar infección.

También participan nuestras defensas, que pueden destruir al patógeno antes de que nos cause enfermedad. Una investigación reciente nos indica que, aunque en un momento de enajenación mental nos diera por chupar el suelo del hospital, la relación causal entre la posible ingesta de patógenos y la posterior infección no está tan bien establecida. Existe un riesgo verosímil, pero no podemos definirlo con exactitud solo contando microorganismos en el suelo.

Aunque lo cierto es que podemos convivir con microorganismos potencialmente patógenos sin enfermar, eso no convierte cualquier exposición en una buena idea. No necesitamos tener miedo a tocar el suelo ni asumir que cada superficie está llena de bacterias peligrosas. Lo razonable es evitar exposiciones innecesarias (como lamer el suelo del hospital), respetando las medidas de higiene, especialmente en entornos sanitarios donde hay pacientes vulnerables. Y dejar para otro momentos las ocurrencias insensatas.

The Conversation

Las personas firmantes no son asalariadas, ni consultoras, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado anteriormente.

– ref. ¿Por qué no debería chupar el suelo de un hospital? – https://theconversation.com/por-que-no-deberia-chupar-el-suelo-de-un-hospital-294602

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