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Por qué la IA pierde el hilo y se equivoca

Por qué la IA pierde el hilo y se equivoca

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Javier Arroyo Gallardo, Profesor Titular de Universidad. Departamento de Ciencias de la Computación, Universidad de Alcalá

Es posible que alguna vez al ir médico haya encontrado un sustituto que debe ponerse al día y ojear su historial. Imaginemos que ese sustituto fuera una persona distinta cada vez que le hace una nueva pregunta. Dejando a un lado que la propuesta parece sacada de una pesadilla o de un sketch de humor absurdo, para poder contestarnos con eficacia, esa persona no solo tendría que mirar el historial médico, sino también una transcripción de la conversación que vamos manteniendo. Esta extraña situación describe con bastante precisión lo que sucede cuando hablamos con un chatbot de inteligencia artificial.

En una conversación con un chatbot, el modelo de lenguaje que lee la consulta y genera la respuesta no cambia su estado en el proceso, es decir, no modifica su configuración interna. Tampoco incorpora la consulta a su memoria. De hecho, el modelo de lenguaje no tiene memoria y su estado es inmutable.

Entonces, ¿cómo nos responde sin perder el hilo?

La clave está en que a la consulta que le hacemos se le añade el historial de la conversación. Esto permite que cada consulta pueda ser respondida por distintas copias del modelo de lenguaje o por la misma. No obstante, aunque nos respondiera siempre la misma copia, nos recordaría todavía menos que Dory, la despistada pez de la película Buscando a Nemo.

El contexto se queda pequeño

Al conjunto de elementos que se le proporcionan al modelo de lenguaje junto con la consulta se le denomina contexto e incluye los mensajes anteriores de la conversación. Aunque también puede incorporar documentos adjuntos, resultados de búsquedas de información, etc.

El contexto es una herramienta clave para que los chatbots funcionen adecuadamente. Sin embargo, tiene un tamaño limitado y cuando se llena el sistema debe decidir qué conservar y qué descartar. Para ello debe resumir la conversación sin perder la información relevante. También se puede dotar a los modelos de lenguaje de un mayor contexto, pero esta vía tiene inconvenientes.

En primer lugar, un contexto más grande a la larga también acaba llenándose. En segundo lugar, usar un contexto mayor requiere una mayor capacidad de cómputo, lo que encarece el sistema y empeora los tiempos de respuesta. Y en tercer lugar, los modelos de lenguaje son menos eficaces a la hora de encontrar información relevante cuando el contexto es muy grande. Este último problema también nos sucede a las personas, pero resulta curioso que nos sucede además de forma muy similar.

Sesgos para recordar

Las personas tenemos sesgos cognitivos para recordar mejor los primeros elementos de una lista o las primeras impresiones, pero también lo más reciente. Se les conoce respectivamente como sesgo de primacía y sesgo de recencia. Estos sesgos condicionan cómo recordamos y deben ser tenidos en cuenta para establecer una comunicación eficaz.

El estudio de Nelson F. Liu, de la Universidad de Stanford, y otros autores muestra que los modelos de lenguaje también tienen sesgos similares. Su mecanismo de atención, que así se llama, capta mejor la información en el inicio y el final del contexto, y se degrada en la parte central del mismo. ¿Por qué sucede así?

La información situada al final del contexto se tiene en cuenta bien porque es la última que ha procesado el modelo justo antes de empezar a generar la respuesta. Sin embargo, de forma contraintuitiva estos modelos de lenguaje también aprovechan mejor la información que aparece al comienzo del contexto.

Una posibilidad que sugiere el estudio es que el entrenamiento del modelo le ha hecho aprender a fijar más atención al comienzo de los textos, donde suelen aparecer instrucciones o información clave que sirven para interpretar lo que viene después.

El problema de generar textos largos

Otro problema del contexto que está recibiendo atención más recientemente es el de los problemas a la hora de escribir respuestas extensas.

Es posible que haya observado que a los modelos de lenguaje les cuesta mantener las instrucciones si tienen que generar un texto muy largo. Esto es crítico si se les ha solicitado escribir un informe o el código fuente de un programa informático, donde la coherencia debe mantenerse a lo largo de todo el texto generado.

Un artículo de Yuhau Wu y otros autores, de la Singapore University of Technology and Design, propone un banco de pruebas que consiste en varias tareas de generación de textos largos que mantienen una coherencia temporal (un diario personal y los menús de un restaurante, ambos a lo largo de un año) o espacial (diseñar un rascacielos y la planificación urbanística de una barriada).

La tarea encomendada debe seguir además unas instrucciones precisas de distinto tipo: introducir determinada información en un punto preciso (por ejemplo, el rascacielos debe tener un gimnasio en la planta 34), meter información en un segmento o rango determinado (por ejemplo, las plantas de la 1 a la 9 deben alojar un centro comercial), o repetir determinada información a intervalos predeterminados (por ejemplo, a partir de la planta 20, cada diez plantas debe haber un jardín).

El estudio muestra que ninguno de los modelos evaluados hizo las tareas de forma satisfactoria hasta el final y que todos empeoraban su rendimiento cuanto más largo era el texto que se les pedía. Sin embargo, con la suficiente concentración, las personas sí somos capaces de tener en cuenta este tipo de instrucciones. ¿Por qué los modelos de lenguaje no?

¿Cómo pierde el hilo la IA?

Los modelos de lenguaje no escriben el texto completo de una sola vez, sino fragmento a fragmento (esos fragmentos no son exactamente palabras, aunque eso no es relevante aquí). Para generar cada fragmento tienen en cuenta la consulta, el contexto original y lo escrito hasta ese momento. Es decir, a cada paso, necesitan volver a releerlo todo.

Sin embargo, a medida que el texto crece, hay más información compitiendo por su atención, y es ahí donde surgen los problemas: el modelo tiene cada vez más problemas para encontrar las instrucciones que se le dieron. Además, los fragmentos que van generando pueden incluir errores o imprecisiones, y estos errores cuando el modelo los vuelve a leer se amplifican al generar los nuevos fragmentos, causando un efecto bola de nieve. Esta, de hecho, es una de las causas de que a veces falle estrepitosamente proporcionando datos falsos, lo que popularmente se conoce como “alucinaciones”.

Por último, estos modelos no suelen estar entrenados para mantener las instrucciones en textos tan largos, lo cual puede explicar que su rendimiento se degrade en tareas que requieren generar textos muy extensos.

Estos problemas nos muestran que, pese a su capacidad y velocidad para procesar y generar textos y pese al avance que están experimentando, los modelos de lenguaje pueden equivocarse en tareas sencillas por ignorar aspectos clave de nuestras peticiones. Seguimos desconociendo mucho de ellos, así que conviene conocer sus limitaciones y anticiparnos a ellas para poder sacarles el mejor rendimiento posible.


Este artículo se publicó originalmente en la revista Telos, de la Fundación Telefónica.


The Conversation

Javier Arroyo Gallardo no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.

– ref. Por qué la IA pierde el hilo y se equivoca – https://theconversation.com/por-que-la-ia-pierde-el-hilo-y-se-equivoca-287096

Original source: https://submissions.mil-osi.com/2026/11/04/por-que-la-ia-pierde-el-hilo-y-se-equivoca-287096/