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El polígrafo verde: lo que las plantas nos revelan sobre la salud de los lagos

El polígrafo verde: lo que las plantas nos revelan sobre la salud de los lagos

Source: The Conversation – (in Spanish) – By Marta Pedrón López, Doctoranda en Biodiversidad y Biología Evolutiva., Universitat de València

A simple vista, las aguas de un lago pueden parecer perfectamente sanas y, sin embargo, ocultar señales de deterioro ecológico. Una muestra de agua permite conocer qué está ocurriendo en un momento concreto, pero las plantas acuáticas permiten detectar los efectos de las presiones ambientales que han actuado sobre el lago a lo largo de los últimos años.

Los lagos son ecosistemas complejos que suelen responder lentamente a las perturbaciones. Un vertido, el exceso de fertilizantes procedentes de la agricultura o los cambios en el uso del suelo pueden modificar sus condiciones durante años. La vegetación acuática, que vive enraizada en los sedimentos más someros, o flotando en aguas abiertas, integra los efectos acumulados del ambiente a lo largo del tiempo, constituyendo una de las herramientas más valiosas para evaluar el estado ecológico de los sistemas lacustres.

Al ser incapaces de desplazarse cuando las condiciones empeoran, la vegetación acuática puede permanecer expuesta durante años a los cambios en la calidad del agua, la disponibilidad de luz y la concentración de nutrientes, o incluso desaparecer. Su presencia o ausencia, abundancia y distribución reflejan las condiciones ambientales con tanta fidelidad que los científicos que estudian estos sistemas, los limnólogos, las utilizan como bioindicadores del estado de salud de los lagos.

Limnólogos muestreando plantas acuáticas para la evaluación del estado del lago.
Limnólogos muestreando plantas acuáticas para la evaluación del estado del lago.
Marta Pedrón López

Un código de presencias y ausencias

Los lagos están sometidos a numerosas presiones ambientales. Algunas son evidentes, como los vertidos contaminantes, la urbanización de las orillas o la extracción de agua. Otras actúan de forma más silenciosa: el aporte continuo de fertilizantes desde los campos agrícolas, la introducción de especies invasoras o las alteraciones asociadas al cambio climático (como el aumento de la temperatura del agua o las modificaciones en los ciclos de inundación y sequía).




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Aunque estas presiones tienen orígenes muy distintos, todas terminan modificando las condiciones que determinan qué plantas pueden vivir en el lago. Por eso, evaluar la salud de un lago implica aprender a interpretar un lenguaje ecológico basado en qué especies permanecen, cuáles aparecen o desaparecen y cómo cambia su abundancia y distribución a lo largo del tiempo.

En términos generales, los limnólogos observan una sustitución progresiva de especies a medida que aumentan las perturbaciones ambientales, o incluso su desaparición total en condiciones de mayor degradación. Algunas plantas desaparecen rápidamente ante cualquier deterioro, mientras que otras son capaces de prosperar incluso en condiciones muy degradadas.




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Las especies más sensibles vs. las más tolerantes

Las plantas acuáticas especialmente sensibles a los cambios ambientales suelen encontrarse en lagos bien conservados. Dependiendo del tipo de lago, las especies indicadoras pueden variar. Un ejemplo son algunas especies del género Isoetes en determinados tipos de lagos, cuya presencia suele asociarse a aguas poco alteradas. Cuando estas especies son reemplazadas por especies más tolerantes o, simplemente, desaparecen sin ser sustituidas, la diversidad de la comunidad vegetal se reduce. Esta suele ser una de las primeras señales de que el ecosistema está experimentando procesos de degradación.

Si la entrada de nutrientes aumenta, un proceso conocido como eutrofización, las especies más exigentes encuentran dificultades para sobrevivir.
En su lugar suelen ganar protagonismo especies más tolerantes a la turbidez y al enriquecimiento en nutrientes, como determinadas especies del género Potamogeton o espigas de agua, aunque la respuesta varía según las características de cada lago.

Cuando el lago pierde sus plantas

Superficie de un lago cubierto por lentejas de agua.
Superficie de un lago cubierto por helecho acuático (Azolla sp.).
Marta Pedrón López

En fases avanzadas de eutrofización, el crecimiento masivo de microalgas reduce drásticamente la cantidad de luz que alcanza el fondo. Como consecuencia, muchas plantas sumergidas desaparecen y las comunidades vegetales se empobrecen o incluso llegan a desaparecer por completo. El lago pasa entonces a un estado dominado por el fitoplancton –diminutos organismos fotosintéticos–, caracterizado por aguas turbias, menor diversidad biológica y una menor capacidad para mantener sus funciones ecológicas.

Sin embargo, en algunos casos, especialmente en aguas muy enriquecidas en nutrientes, pueden proliferar especies de plantas flotantes como las lentejas de agua, el camalote o el helecho acuático, formando densas cubiertas superficiales.

Más que indicadoras, aliadas del ecosistema

Las plantas acuáticas no son únicamente testigos del estado del lago, sino que también contribuyen activamente a mantenerlo en buenas condiciones. Sus raíces estabilizan los sedimentos y reducen la resuspensión de partículas que enturbian el agua. Además, absorben nutrientes como el nitrógeno y el fósforo, limitando el crecimiento excesivo de microalgas.

Sus tallos y hojas proporcionan refugio a numerosos organismos acuáticos como pequeños invertebrados y juveniles de peces, entre otros, aumentando así la complejidad del hábitat y favoreciendo la biodiversidad. Todas estas funciones ayudan a conservar la transparencia del agua y favorecen la estabilidad ecológica del sistema.

Por ello, la pérdida de vegetación sumergida no es solo un síntoma de degradación, sino que también puede acelerar el deterioro del lago y dificultar su recuperación.




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Una herramienta para la gestión ambiental

La información que aporta esta vegetación es tan valiosa que su seguimiento forma parte de los programas oficiales de evaluación ambiental. En Europa, la Directiva Marco del Agua reconoce los macrófitos acuáticos como uno de los elementos biológicos utilizados para determinar el estado ecológico de lagos y otras masas de agua continentales.

Gracias al estudio de estas comunidades vegetales es posible detectar alteraciones ecológicas y evaluar la evolución de los ecosistemas acuáticos a lo largo del tiempo. Esto es de especial relevancia también porque se ha demostrado que los lagos bien conservados pueden ayudar a mitigar el cambio climático secuestrando carbono, mientras que aquellos deteriorados pueden acentuarlo liberando más gases de efecto invernadero.

Contar con esta información nos ayuda a que, la próxima vez que visitemos un lago y veamos vegetación bajo la superficie, no la confundamos con una simple maleza acuática. Esas praderas sumergidas ayudan a mantener el equilibrio ecológico del ecosistema y, al mismo tiempo, conservan la memoria de lo que ocurre en él. Quien sabe leerlas descubre una historia escrita no con palabras, sino con presencias y ausencias.

The Conversation

Antonio Camacho recibe fondos de la Agencia Estatal de Investigación de España, de la Generalitat Valenciana, y de la Unión Europea, para la financiación de los trabajos de investigación que dirige.

Antonio Picazo Mozo, Daniel Morant y Marta Pedrón López no reciben salarios, ni ejercen labores de consultoría, ni poseen acciones, ni reciben financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y han declarado carecer de vínculos relevantes más allá del puesto académico citado.

– ref. El polígrafo verde: lo que las plantas nos revelan sobre la salud de los lagos – https://theconversation.com/el-poligrafo-verde-lo-que-las-plantas-nos-revelan-sobre-la-salud-de-los-lagos-292331

Original source: https://submissions.mil-osi.com/2026/11/05/el-poligrafo-verde-lo-que-las-plantas-nos-revelan-sobre-la-salud-de-los-lagos-292331/