Source: The Conversation – (in Spanish) – By Gumersindo Feijoo Costa, Catedrático de Ingeniería Química. Centro de Investigación Interdisciplinar en Tecnologías Ambientales – CRETUS, Universidade de Santiago de Compostela

Un simple paseo por la playa en un día ventoso sirve para que el mar despierte nuestra admiración y curiosidad al ver romper las olas y observar la formación de espuma. Se trata de un fenómeno efímero y hermoso que, además, puede darnos pistas sobre la salud del océano.
Formación de la espuma de mar
La espuma de mar se genera por la agitación producida por la fuerza de las olas y los vientos que, al combinarse con la materia orgánica disuelta (fundamentalmente plancton, organismos microscópicos que habitan en el agua), forma una dispersión de agua y burbujas de aire que se agrupan y suben a la superficie en forma de espuma.

Gumersindo Feijoo, CC BY-SA
Esta dispersión coloidal se produce porque la materia orgánica reduce la tensión superficial, una propiedad fisicoquímica por la que los líquidos se comportan como si estuvieran recubiertos por una fina membrana elástica.
Así, si queremos mezclar sustancias en dos fases inmiscibles como agua y aire o agua y aceite, debemos reducir la tensión superficial con la adición de tensioactivos (compuestos químicos con una parte hidrófila e hidrófoba) que sirven de puente, creando una interfase de conexión entre las dos fases (líquida-gaseosa, líquida-sólida o entre dos fases líquidas: acuosa y orgánica).
Esta propiedad es fundamental, por ejemplo, para conseguir la biodisponibilidad de compuestos orgánicos en la formulación de productos agroquímicos, la biodegradación de mareas negras o la recuperación de suelos contaminados con combustibles. O simplemente para conseguir un lavado eficaz de la ropa con manchas de grasa persistentes.
¿Qué nos dice su aspecto?
La luz solar es una forma de radiación electromagnética esencial para la vida en la Tierra al proporcionar calor y energía. Se compone de radiación visible, infrarroja (calor) y ultravioleta (UV). Las principales características de la luz son la longitud de onda y la frecuencia.

Gumersindo Feijoo, CC BY-SA
La luz visible (con una longitud de onda de aproximadamente entre 400 y 700 nanómetros) es una pequeña porción del espectro que el ojo humano percibe. Así, cuando la luz incide sobre un objeto, su superficie absorbe ciertas longitudes de onda y refleja otras. Solo las reflejadas podrán ser vistas por el ojo y por tanto en el cerebro solo se percibirán esos colores.
El color del mar cambia debido a la absorción selectiva de la luz por el agua derivada de su composición química, la vida marina y las condiciones climáticas. El agua es transparente, pero cuando hay gran cantidad de ella, también aumenta la absorción de luz en el espectro reflejando un patrón de color azul.

Gumersindo Feijoo, CC BY-SA
En la espuma de mar, las burbujas de aire dispersan y reflejan la luz en todas las direcciones sin prácticamente absorberla, lo que explica nuestra percepción de color blanquecino. Es necesario distinguir esta realidad del concepto del color “espuma de mar” en pinturas o moda, que suele representarse como una mezcla suave de verde y azul para rememorar el ambiente marino.
De hecho, una espuma blanca que desaparece de forma casi instantánea es un claro indicador de un ecosistema sano. Por el contrario, una espuma persistente (por una alta densidad), una coloración oscura (parduzca) o algún olor desagradable son síntomas de contaminación bien química (por fertilizantes agrícolas, vertidos industriales o urbanos…) bien biológica (por ejemplo, por un crecimiento desmesurado de algas).
Un ejemplo de este fenómeno de contaminación son los episodios recurrentes de formación de espumas en las playas del sur de Australia durante los meses de febrero y marzo de los años 2025 y 2026 (verano austral), con consecuencias terribles para la salud de los animales y las personas.

Troy Rigney, CC BY-ND
Si cuidamos del planeta y evitamos contaminarlo, nos seguirá ofreciendo entornos saludables y estampas de belleza extraordinaria. Si no lo hacemos, además de dañar la naturaleza y con ello, nuestra salud, estaremos renunciando a los paisajes de los que hoy todavía podemos disfrutar.
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Gumersindo Feijoo Costa no recibe salario, ni ejerce labores de consultoría, ni posee acciones, ni recibe financiación de ninguna compañía u organización que pueda obtener beneficio de este artículo, y ha declarado carecer de vínculos relevantes más allá del cargo académico citado.
– ref. ¿Qué nos dice la espuma del mar de la salud de las playas? – https://theconversation.com/que-nos-dice-la-espuma-del-mar-de-la-salud-de-las-playas-281042
